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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 230 | Mayo 2001
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Internacional

Porto Alegre: en camino al postcapitalismo

El economista holandés Wim Dierckxsens, intelectual del Norte al servicio de las causas del Sur, estuvo también en Porto Alegre. Éstas son sus reflexiones.

Wim Dierckxsens

El Foro Social Mundial celebrado en Porto Alegre brindó una oportunidad sin precedentes para la unión de fuerzas populares de los más diversos sectores de los países del Norte y del Sur, que dan ya los primeros pasos, pasos grandes, para desarrollar alternativas al capitalismo y al neoliberalismo. En el Foro participaron 1 mil 500 organizaciones de 120 países, reuniendo a unos 12 mil participantes. El DEI (Departamento Ecuménico de Investigaciones) de Costa Rica estuvo representado por mi persona. Se celebró un convenio entre el Foro Mundial y el DEI para que cooperáramos con papel de liderazgo en un equipo de nivel mundial que quedó encargado de la formulación de una alternativa postcapitalista al neoliberalismo, y de la elaboración de un análisis anual nacional, continental y mundial titulado "El Mundo visto por sus Pueblos."

El Foro Social Mundial se realizará todos los años, simultáneamente al Foro Económico Mundial, que se celebra anualmente en Davos, Suiza, a finales del mes de enero. Desde 1971 este Foro Económico Mundial ha cumplido un papel estratégico en la formulación del pensamiento de la élite que promueve y defiende las políticas neoliberales en todo el mundo. Su base organizacional es una fundación suiza que funciona como consultora de la ONU y que es financiada por más de mil empresas multinacionales. A partir de ahora, ONGs, movimientos sociales, sindicatos, asociaciones y entidades religiosas de cada país, de cada continente, y de nivel mundial, han aceptado el desafío de promover anualmente y financiar este otro Foro, el Foro Social Mundial.

Después de décadas de tomar decisiones que afectan la vida de centenares de millones de personas sin ningún control democrático, la élite capitalista y las grandes instituciones internacionales están ya advertidas que deberán prestar atención a la opinión pública.

En el Foro de Davos de enero del 2001 se debatió sobre la recesión de la economía estadounidense. La gran pregunta en Davos no fue si habría o no una caída de la economía mundial y de las bolsas sobrevaloradas. La pregunta fue si la caída sería brusca o si sería posible un aterrizaje suave. Otra pregunta fue en qué medida la economía estadounidense arrastraría a las otras economías. La revista "The Economist" publicó el 27 de enero un extenso artículo sobre la crisis mundial con un titular revelador: "The party is over" (La fiesta se acabó). Es la fiesta neoliberal la que se acaba. Los economistas del mundo han sido llamados a buscar nuevas fórmulas para salvar la racionalidad capitalista. Ante la crisis cada vez más evidente del neoliberalismo, se levantan voces que hablan de la necesidad de encontrar alternativas. A medida que la crisis del neoliberalismo se profundiza, se agota el pensamiento único. Esto está permitiendo que se amplíe rápidamente la plataforma social que demanda una alternativa. Es el caso del Foro Social Mundial de Porto Alegre. Cuanto más se profundice la crisis, más radical será la alternativa que se proponga. Renace así la utopía y se hace viable empezar a pensar en un postcapitalismo.

Las alternativas hasta ahora propuestas por los poderosos no han ido más allá de algunas medidas de corto plazo que procuran remediar los efectos nocivos más inmediatos del neoliberalismo, pero que no lo cuestionan. La propuesta de una nueva arquitectura financiera, hecha en Davos 1999, no consistía en mucho más que la demanda de una creciente transparencia en la información de los mercados financieros. El carácter cortoplacista y superficial de propuestas como ésta revelaba que la crisis neoliberal aún no había tocado fondo. Desde los centros de poder también ha habido propuestas de mediano plazo, que surgen y se desarrollan a medida que la crisis tiende a amenazar la estabilidad financiera a nivel mundial, poniendo en peligro los intereses de las transnacionales y del mismo capital financiero que opera a nivel internacional.

Así, en Davos 2000, a partir de la crisis asiática, de la crisis en Rusia, y en medio de la crisis brasileña, halló eco la llamada "tercera vía", que propone -en forma casi demagógica- medidas económicas neokeynesianas de re-regulación económica, que buscan salvar la racionalidad capitalista y mantienen el fondo del credo neoliberal. En la medida en que la economía continúe siendo de corte neoliberal y no responda a estos cambios de mediano plazo, la lógica neoliberal se irá radicalizando, perfilándose un desenlace que podría estimular tendencias fascistas. Las tendencias neofascistas se ven fomentadas hoy por la lucha entre grandes capitales en un mundo neoliberal donde ya no hay espacio para la totalidad del capital transnacional. El neoliberalismo es un modelo de acumulación donde el acaparamiento de los mercados ya existentes por medio de fusiones, adquisiciones, patentes, etc., predomina sobre la creación de nueva riqueza. El resultado directo de este acaparamiento es la concentración de la riqueza en cada vez menos manos.

En este modelo, las transnacionales son quienes ganan, a costa de los capitales nacionales de menor tamaño. Las acciones de los gigantes del capital se disparan a diario, pero sin producir un crecimiento real de la economía global, alentando la economía especulativa, la "economía de casino".

La profundización de la política neoliberal depende de la desregulación progresiva de los mercados. Esta desregulación ha ido adelante a costa de la soberanía nacional de los países. En un primer momento, fueron principalmente todos los países del Sur los que sufrieron este ataque a su soberanía. Después se dio el ataque del Oeste contra el Este: la crisis asiática de 1997 fue producto de juegos especulativos y ataques premeditados a las monedas asiáticas. A partir de 1998, la profundización de la desregulación económica requería de una pérdida de soberanía en los propios países industrializados. Fue entonces que comenzó a manifestarse la lucha entre los grandes capitales para no ser excluidos del juego.

En abril 98, cuando los ministros de finanzas de los 28 países industrializados decidieron no aprobar el AMI (Acuerdo Mundial de Inversiones), se produjo un enfrentamiento de intereses entre los grandes capitales de Estados Unidos y los de Europa. Al no lograrse la firma, Estados Unidos vio muy afectados sus intereses. Estados Unidos respondió con un ataque político al concepto de soberanía nacional: la intromisión estadounidense en la Guerra de Kosovo, pasando de manera consciente por encima del Consejo de Seguridad de la ONU, una intervención deliberada en los asuntos internos de un país soberano de Europa, fue la respuesta. Las actuales contradicciones interburguesas revelan el agotamiento del neoliberalismo. A medida que las pugnas internas del capital transnacional se acentúan, se abren espacios para luchar por una alternativa. A fines de 1999, en Seattle, durante la reunión de la Organización Mundial de Comercio, se manifestó por primera vez la protesta ciudadana a nivel internacional y el clamor por una alternativa.

Esa protesta contribuyó al clima que hizo fracasar la reunión de la OMC. La verdadera razón del fracaso estuvo en los intereses contrapuestos del gran capital de las naciones industrializadas. Estas contradicciones crecen y permiten vislumbrar la posibilidad de luchar por una alternativa. Estas contradicciones explican la amplia presencia de movimientos sociales del mundo entero que se dio en Porto Alegre. Los ataques del gran capital a la soberanía nacional serán drásticos. En el futuro podemos esperar nuevos ataques. Una proyección de ellos aparece ya en el Plan Colombia. Lo que se busca es el fraccionamiento de los países latinoamericanos en múltiples Estados pequeños. Un desmantelamiento por la fuerza de los Estados-nación permitiría un acceso directo del gran capital a los recursos naturales, al control total del lucrativo negocio del narcotráfico en sus mismas raíces, y liberaría grandes flujos de capital. Como respuesta a los ataques a la soberanía nacional surgirán nuevas tendencias nacionalistas, regionalistas y proteccionistas.

El resurgimiento de proteccionismo contra los capitales extranjeros significaría una desintegración del mercado mundial y un golpe de muerte al capital transnacional. En el entorno del "sálvese quien pueda" los capitales transnacionales descubrirán que ni siquiera para ellos habrá un lugar lucrativo en este mundo. La conciencia, hoy creciente, de que únicamente creando un mundo donde todos y todas quepamos podremos salvarnos todos y todas, llegará también a las transnacionales. Serán las últimas en entenderlo, pero también a ellas llegará esta conciencia. A medida que se cierran espacios en el entorno del "sálvese quien pueda", crece la conciencia ciudadana. Es a partir de esta conciencia que gana espacios el movimiento social que busca una alternativa postcapitalista. En este momento esta alternativa es la más difícil de percibir, porque hoy impera totalmente, y cada vez más, el "sálvese quien pueda". Sin embargo, la transición del neoliberalismo al postcapitalismo se puede reivindicar ya desde ahora como una utopía viable.

El postcapitalismo se basa en una racionalidad llevada adelante por la ciudadanía, y en función de la ciudadanía, con formas democráticas y participativas. Se trata de crear una economía orientada por el Bien Común que no suprima ni el interés privado ni el mercado. Al tratar de salvar la lógica de acumulación a nivel mundial con un enfoque neokeynesiano, el capitalismo desembocará también, aunque de manera no intencional, en una racionalidad postcapitalista. ¿Qué podemos hacer, ya desde ahora, para cambiar el curso de la historia? Podemos soñar con reivindicar un mundo con una racionalidad económica que esté en función de la ciudadanía. En este momento de la historia se perfila ya con alguna claridad una demanda cada vez más amplia por una alternativa. Cualquiera que ésta fuera, implicaría un cambio hacia una re-regulación económica. Esta re-regulación significaría un movimiento en el péndulo de la historia: desde el libre juego del mercado sin intervención ciudadana hacia una creciente participación ciudadana.

Es en este movimiento, en este giro donde se abren espacios a una alternativa postcapitalista. Aparece así un pensamiento utópico y posible que busca concretar un camino político ciudadano que permita que el interés privado y el Bien Común se reencuentren y prevalezca el Bien Común. Renace y se desarrolla así la utopía de crear una sociedad conducida por la ciudadanía y al servicio de la ciudadanía. Porto Alegre dio vitalidad a esta utopía. En Porto Alegre se abrió la discusión sobre el movimiento del péndulo de la historia, que hasta ahora osciló entre el mercado total del neoliberalismo y el plan total del socialismo real. En el socialismo real, dialécticamente, el péndulo de la historia se volcó hacia un polo. El interés privado se supeditaba completamente al Bien Común. Esto requería de una burocracia centralizadora. La utopía de regular la economía en función de la ciudadanía se realizó, pero sin la ciudadanía, a través de la planificación central. Así, la utopía socialista se quedó a mitad de camino.

La burocracia vertical subordinó a la ciudadanía, impidiendo crear una sociedad que fue soñada para la ciudadanía. En su afán por construir una nueva sociedad, la vanguardia vertical que luchaba por la toma del poder supeditó los movimientos sociales a ese poder. El péndulo de la historia habrá de detenerse en el futuro en algún punto intermedio entre el mercado total y el plan total. La meta es buscar el punto donde sea posible construir una sociedad nueva diseñada por la ciudadanía y en función de la ciudadanía. En el movimiento pendular de la historia prevalecerá el interés privado sobre el Bien Común o será al revés. En el punto donde prevalezca el interés privado se ubica la racionalidad neokeynesiana. En el punto donde prevalezca el Bien Común podemos hablar de una racionalidad postcapitalista. En el postcapitalismo volvería a prevalecer lo político sobre lo económico y habría ejes horizontales que vincularían entre sí a los movimientos sociales. Esto permitiría edificar no sólo una democracia formal sino una democracia con contenidos participativos. Con la perspectiva creciente de una alternativa necesaria y también posible, está surgiendo un nuevo sujeto organizado. A partir de Porto Alegre, la mundialización de la resistencia se hará sentir. En los albores del nuevo milenio surge un movimiento multipolar y horizontal, sin cabeza o vanguardia claras, pero con la conciencia creciente de querer una alternativa al neoliberalismo. Es un signo de los tiempos y un signo de esperanza. Hace tres años era inimaginable pensarlo.

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