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  Número 224 | Noviembre 2000
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El Salvador

El electo Alcalde de Managua, Herty Lewites, visitó durante su campaña el proyecto que para el tratamiento de la basura viene desarrollando con éxito el Alcalde de San Salvador Héctor Silva. Lewites anunció un proyecto similar para Managua.

Ismael Moreno

En todo el mundo, la basura es un problema diario, creciente, perturbador. Cualquier persona, sector social o institución que quiera tomarse en serio un país, no puede evadirlo. Cualquier respuesta puntual es importante, pero nunca será suficiente. En ninguna capital de Centroamérica se había tocado tan a fondo y tomado tan en serio este problema como hoy lo hace la Alcaldía de San Salvador, presidida por Héctor Silva. Las dificultades aún son enormes y no está asegurado que se rompan los varios círculos viciosos de la cultura de lo descartable, pero ya el proyecto puede enseñar mucho.

Frente a toneladas de basura

El "tratamiento" que hoy hacen de la basura la inmensa mayoría de las municipalidades de Centroamérica es como el de quien barre la basura de la casa, y cuando nadie lo ve, la esconde debajo de la cama, creyendo que así resuelve el problema. El acelerado y desordenado proceso de urbanización, el hacinamiento de la población, el crecimiento industrial y la modificación de los patrones de consumo, incrementan a diario la cantidad de basura que produce cada persona y que hay que "barrer".
Tirar es la forma más rápida y fácil de deshacerse de esa basura, pero tirar no es deshacerse, es sólo acumular en otra parte. Y contaminar por todas partes: los botaderos de basura en terrenos baldíos, junto a caminos y carreteras,
en barrancos, contaminan el aire con gases tóxicos, olores indeseables, gases y cenizas. Son focos de enfermedades que transportan moscas, zancudos, cucarachas y ratas. Contaminan las aguas subterráneas por la filtración de tóxicos y las aguas superficiales cuando las lluvias arrastran la basura hacia ríos, lagos
y costas.


Un proyecto estratégico


San Salvador produce 1 mil 500 toneladas métricas diarias de basura. El país entero, mucho más de 2 mil toneladas métricas. Cerca de la mitad de esta basura son desechos tóxicos: dañinos para el medio ambiente y para la salud de las personas. En San Salvador existen dos receptores legales de basura: un vertedero o botadero a cielo abierto en Mariona, al norte de la capital, donde centenares de "pepenadores" dependen de sus peripecias para descubrir restos de basura "reciclable" (vendible) para sobrevivir a la miseria; y el reciente Relleno Sanitario construido durante la primera administración municipal de Héctor Silva en el municipio de Nejapa, también al norte.
Este proyecto, uno de los más estratégicos de los emprendidos por el alcalde Héctor Silva está todavía "verde". Por estar aún en sus inicios y porque existen muchos factores culturales, sociales y de la coyuntura política que deben ser tenidos en cuenta para conducirlo desde una visión integral. La experiencia enseña que resolver el problema de la basura no depende sólo de las decisiones de una administración local. Es un problema estructural que se cimenta en una concepción de país, yendo más allá de la administración temporal de un gobierno. En El Salvador de postguerra, un proyecto como éste se sostiene todavía con alfileres entre los cambios de coyuntura y los vaivenes electorales. Y mientras está en marcha, siguen existiendo en San Salvador unos mil quinientos vertederos ilegales a cielo abierto a donde van a parar unas 800 toneladas diarias de basura. Ecologistas nacionales y extranjeros consideran que San Salvador es la capital más sucia de Centroamérica.

Un asunto de vida o muerte

Todo el país, y especialmente el área del Gran San Salvador, siguen produciendo "basura contaminada", la que resulta de mezclar basura orgánica con basura inorgánica, materiales biodegradables o reutilizables con desechos no biodegradables o tóxicos. Al mezclarlos, se pierde la oportunidad de recuperar muchos materiales potencialmente útiles a través del reciclado, y se aumentan los costos de recuperación, reclasificación y limpieza, haciendo así menos rentable y atractiva la industria del reciclaje.
Mensualmente, se producen en San Salvador unas 100 toneladas métricas de desechos hospitalarios, provenientes de 25 hospitales. Muchas fábricas vierten desechos peligrosos en áreas baldías dentro de su área o en otros terrenos, ríos o lagos. Estas prácticas siguen siendo la norma en todo el país, y las respuestas municipales que viene dando la alcaldía de Héctor Silva en el Gran San Salvador son apenas una cosquilla al problema estructural. Sin embargo, esa cosquilla podría revitalizar nervios vitales si el modelo se extiende a todo el país y si va penetrando en el corazón de los funcionarios públicos, de los organismos protectores del medio ambiente y de las organizaciones comunales de barrios, colonias y cantones. Para un diminuto país tan deteriorado en su medio ambiente y atiborrado de gente este desafío es de vida o muerte.

Pepenadores y recolectores

Para conocer mejor la propuesta de la Alcaldía de San Salvador para los desechos sólidos, envío no tuvo más remedio que subirse a un camión recolector de basura, hacer el recorrido por varios barrios y colonias de la capital, y una vez lleno el camión, acompañar el traslado de los desechos recogidos hasta el Relleno Sanitario. Para llegar allí, el camión debe pasar por el anterior botadero de basura, evadir a muchos de los zopilotes que surcan esos aires, y cruzar varios de los municipios que conforman el Gran San Salvador. Enseguida descubrimos una norma de la Alcaldía: si un camión tiene que hacer dos o tres traslados de basura, uno de ellos debe depositarlo en el antiguo botadero. "Ése ha sido el arreglo entre la alcaldía y los pepenadores, porque esa gente de algo tiene que vivir", comenta Cristóbal, el motorista.
También aprendimos que los recogedores de basura son los primeros amenazados por el contacto directo con la basura. "Así como la recogen ahora la han recogido siempre -me cuentan-. Lo más que han hecho es darles uniformes y guantes. Pero los guantes no sirven de nada porque la basura se les desliza y por eso usan las puras manos". Los cuatro jóvenes recogedores de basura del camión están a expensas de cualquier infección, y el programa de saneamiento ambiental no tiene aún propuestas para responder a un problema tan concreto y grave.

Gran vacío: falta información


Descubrimos también, con cierta preocupación, que no ha habido un correcto traslado de información desde la dirección de saneamiento ambiental hacia los recolectores de la basura. La información se maneja aún en pequeños círculos técnicos y políticos. Conversando, por ejemplo, con técnicos de la alcaldía, envío se enteró de un plan piloto para la separación de la basura en el primer momento de la recolección. Pero este plan no sólo era desconocido por la mayoría de los trabajadores, sino que tiene muchas posibilidades de descontinuarse por la carencia de recursos. Para que funcione la recolección separada de basura, el sistema general de recolección tendría que transformarse y esto implicaría, entre otras cosas, usar dos tipos de camiones, lo que en las actuales condiciones económicas de la alcaldía resulta imposible.
La carencia de canales de comunicación que lleguen hasta los trabajadores que recolectan la basura explica su escepticismo: no "creen" aún en los cambios que supone el proyecto. No nos supieron, dar, por ejemplo, ninguna explicación básica sobre el funcionamiento del Relleno Sanitario. Esta "ignorancia" es un límite estratégico. Porque un proyecto que no involucre a todos los implicados en su realización, puede convertirse en una imposición o ser fácilmente manipulable por los técnicos y los órganos políticos de dirección.

Un líder con experiencia

El siguiente paso de envío fue bajarse del camión y visitar la Alcaldía de San Salvador. Allí conversamos con el ecotecnólogo o técnico de saneamiento ambiental, Pedro Benjamín Funes, Jefe del Departamento de Servicios y Coordinador de Saneamiento Ambiental del Distrito Central. Funes coordina cuatro áreas: Saneamiento,
Parques y Jardines, Renovación Urbana (construcción) y Coordinación de Urbanismo (permiso de inmuebles, revisión de construcciones privadas, todo lo que tiene que ver con catastro).
Sentado en su pequeño cubículo atiende nuestras inquietudes, al tiempo que da respuesta a todas las peticiones en un área abierta a todo público. Mientras conversaba con envío, escuchó no menos de seis preocupaciones que trabajadores o empleados de su departamento le presentaron, entrando sin pedir permiso. "Para los problemas no debe haber horario", dice.

Pedro Benjamín es de Tonacatepeque, al norte de San Salvador. Lleva muchos años trabajando en temas relacionados con el medio ambiente y con los desechos sólidos. No es del FMLN ni tiene militancia partidaria "y tal como se mueve la política nuestra, con sus intereses y sus exclusiones, seguiré independiente, es mejor", expresa muy convencido. ¿Cómo llegó entonces a ser un empleado importante en la Alcaldía? Su firme oposición a que el último alcalde capitalino de ARENA, Mario Valiente, construyera en Tonacatepeque un basurero como el que estaba programado. Pedro Benjamín fue el líder de la oposición a este proyecto, lucha en la que todo Tonacatepeque lo respaldó. "Mario Valiente nunca pensó en hacer nada más que un botadero", dice. Y un botadero es una fuente de contaminación a gran escala.

Cuando Héctor Silva asumió la administración de la alcaldía capitalina, Pedro Benjamín fue invitado a participar en el proyecto del Relleno Sanitario. En 1998 estaba inserto en el programa municipal de saneamiento ambiental como Delegado Ambiental, específicamente como Jefe de barrido de calles. "Creo en la recuperación del medio ambiente. Me he capacitado en este terreno y desde aquí sirvo al país", dice.

Sólo con dimensión nacional


En las administraciones municipales anteriores no existió una atención real al problema de la basura. Todos los esfuerzos se dirigían a recolectar desechos y nunca importó lo que pasaba después. Héctor Silva y su equipo decidieron cambiar las cosas con una visión más integral, aunque las capacidades económicas, humanas y culturales del país impusieran durante un buen tiempo límites y condiciones. Al enfrentar así el problema de la basura, se descubre que éste es un problema de nación. Un sistema de reciclaje requiere, por ejemplo, de un marco jurídico que obligue a quien produce o importa productos reciclables a que en realidad los recicle.
La alcaldía no puede impedir la producción de bolsitas de agua o de latas de gaseosas, pero como en El Salvador no hay capacidad para reciclar ni las bolsas ni las latas ni tampoco existe una ley que obligue a las empresas que producen o importan estos productos a reciclarlos, la alcaldía debe hacer algo. En las latas de gaseosas se lee que son envases reciclables, pero es una verdad a medias porque sólo podrán ser recicladas en otros países, no en El Salvador. Y esa verdad a medias es una mentira si no existen políticas y regulaciones precisas nacionales. Esta es la gran lucha de la alcaldía de San Salvador con el proyecto de tratamiento integral de los desechos sólidos. Para ser real debe alcanzar una dimensión nacional.



Proyecto San Salvador - Canadá

En la puesta en marcha del proyecto de tratamiento integral de los desechos sólidos, San Salvador lleva la delantera respecto a los otros municipios del área metropolitana y del resto del país. Es el primer municipio que ha hecho estudios de tiempo y movimiento de todas las rutas de recolección, diseñadas siguiendo estudios técnicos. Es el municipio pionero en instalar un relleno sanitario con normas internacionales y cuenta con una planta de tratamiento de basura orgánica.
En su campaña para alcalde en su primera administración de 1997, Héctor Silva aseguró que construiría un Relleno Sanitario. Lo cumplió. La Alcaldía de San Salvador, junto a otras nueve alcaldías del Gran San Salvador, establecieron una asociación de economía mixta con una compañía canadiense para todo el proceso de tratamiento de los desechos sólidos, desde su recolección hasta su disposición final en el Relleno Sanitario: las municipalidades llevan allí los desechos sólidos y la compañía canadiense allí los procesa.

Funes explica el proceso para el tratamiento de los desechos sólidos como quien enseña en un aula de clase: "Lo primero es la salida de los camiones de la estación central a las cinco y media de la mañana. Unos camiones van a recolectar la basura que se barre en las calles. Otros se dirigen a los diversos barrios y colonias de la capital para recolectar la basura que sale de las casas. Otros recogen la basura de las empresas industriales y otros la de las ventas callejeras. Los camiones recolectores trasladan los desechos al Relleno Sanitario de Nejapa. Cuando el camión hace varios viajes, al menos una camionada de basura (unas 16-17 toneladas) son depositadas en el antiguo botadero en Mariona, por los acuerdos establecidos entre la municipalidad y la organización de pepenadores".

Cómo funciona el relleno sanitario


Por el vacío de comunicación existente, dentro del Relleno Sanitario los trabajadores no nos lograron dar una explicación de en qué consiste el proceso. Sólo vimos máquinas removiendo la basura que depositan los camiones y unas enormes pilas que recogen el líquido que rezuma la basura.
Pedro Benjamín lo explica. "El Relleno tiene condiciones de ingeniería que reducen el impacto negativo ambiental de los desechos sólidos. En su base se han instalado terraplenes y membranas que impiden que la contaminación pase al subsuelo y dañe las aguas. La capa de mayor profundidad es de arcilla. Luego tiene una geomembrana plástica y una capa de arcilla industrial. La siguiente capa es de geotextil. Luego, otra de piedra poma y finalmente, en la superficie cuenta con una capa de cobertura de tierra. En el fondo, el relleno sanitario cuenta además con unos acueductos que colectan los líquidos producidos por los desechos sólidos, que son trasladados a plantas especiales para su tratamiento. Los desechos que llevan los camiones se esparcen y una máquina los va compactando con una capa de tierra."


Descontaminar y reciclar

En el Relleno Sanitario existe un sistema de tratamiento de autoclave para desechos biológicos contaminantes o infecciosos. A él van a parar los desechos hospitalarios. Se recalientan hasta esterilizarlos para después depositarlos en el Relleno. El sistema de separación es un avance en el proceso de tratamiento, que disminuye la contaminación de las casi 90 toneladas de desechos sólidos con sustancias infecciosas y altamente cancerígenas que mensualmente generan los hospitales del Gran San Salvador. La meta es que, un día, todos los desechos de cualquier procedencia estén debidamente separados: orgánicos, reciclables, biodegradables, tóxicos, contaminantes y no biodegradables.

Pedro Benjamín explica las dificultades para el reciclaje: "Estamos muy limitados. En el mercado para productos reciclados los precios de compra del material reciclado son muy bajos, y muchos productos que son reciclables no encuentran empresas que los reciclen. No tenemos aún un manejo completo, sólo el comienzo de un proceso muy complejo. Un manejo integral supondría el reciclaje de los desechos reciclables, la reducción de los desechos no reciclables, el compostaje de la materia orgánica -convertir la materia orgánica en abono o materia estable-, además de los reglamentos para la adecuada disposición y manejo de los desechos sólidos, y la educación para una adecuada gestión de la basura".



El desafío de la participación


Pedro Benjamín reconoce que al proyecto le falta comunicación y la generación de procesos de participación entre todos los implicados en el proyecto, para evitar que las decisiones se limiten al equipo de técnicos. Comenta: "Le hemos enviado notas a Héctor Silva para que los empleados y trabajadores seamos los primeros en dar testimonio usando los recursos conforme a la propuesta de uso, reuso y reciclaje de los desechos. Hemos propuesto que exista una norma y una decisión para el reuso del papel con el que trabajamos. O que usemos menos materiales desechables, tazas de vidrio en lugar de vasos plásticos. Muchas veces caemos en aquello de que "en casa del herrero, cuchillo de palo". Y también es cierto lo que dice Cristóbal, el motorista: se carece de una política que involucre a todos los trabajadores en todo el proceso. Y esto es muy grave, porque si no comenzamos por casa, ¿cómo vamos a asegurar que toda la gente y todo el país camine por la senda que soñamos? Las propuestas son buenas, pero se topan con enormes límites. Los más ausentes son los sectores empresariales, que aún no entienden que más temprano que tarde serán los más beneficiados".

Apoyos y obstáculos


Los mayores apoyos con los que hoy cuenta el proyecto de la basura en San Salvador son: la ciudadanía políticamente independiente que ha ido adquiriendo conciencia de un país al que hay que proteger en su medio ambiente; los ecologistas maduros, que saben que en este país, tal como lo recibimos luego de una larga guerra y de tantas administraciones politiqueras, no se puede correr sin aprender primero a caminar; y los miembros del FMLN comprometidos con el proyecto y con un país más compartido, que van más allá de corrientes y de intereses estrictamente partidarios.

Los que más obstaculizan el proyecto son: muchos empresarios que creen que invertir en un manejo integral de los desechos es botar el dinero, porque siguen empecinados en no mirar más allá de sus narices y de sus ganancias inmediatas y personales; los políticos de todos los colores y corrientes que son diametralmente diferentes a quienes han propuesto y puesto en marcha este proyecto en las municipalidades, tan miopes como los empresarios a los que muchos de ellos critican; y muchos ecologistas románticos, que critican el relleno sanitario afirmando que no es el mejor método. Parecen tener como modelo los países del Primer Mundo, con todos sus recursos y tecnologías. Les falta realismo ante una municipalidad que viene de una larga cultura del "botadero" y de la corrupción.



Reducir, reusar, reciclar

Pedro Benjamín es consciente de lo mucho que falta para que el proyecto tenga un impacto estratégico y estructural en la sociedad. Para lograrlo, la alcaldía debería hacer mucho más de lo que hoy hace. "Debería, por ejemplo, estimular acciones que, aunque pequeñas, podrían tener progresivamente gran impacto social. Para que el proyecto impacte en la sociedad salvadoreña e introduzca una nueva cultura la alcaldía debe comenzar por casa. No hay impacto posible sin el testimonio de quien realiza las propuestas. La alcaldía debería tomar medidas internas firmes y decisivas para que sus empleados y todos sus trabajadores estén claros en las tres erres: reducción, reuso y reciclaje."
Reducir significa detener el problema antes de que comience, eliminando el origen de la contaminación antes de afrontar sus efectos. La reducción del volumen de desechos en la fuente misma de su producción es la verdadera clave para solucionar el problema de la basura a largo plazo. Si producimos y consumimos con limpieza, estaremos combatiendo el problema de raíz. Reusar significa entender que lo que para unos es basura para otros es un recurso. Muchos materiales que son desechados para determinado uso pueden ser reutilizados con otro propósito, extendiendo de esta forma la vida útil del material y extrayéndolo del ciclo del desecho.
Reciclar es transformar los materiales recolectados en materia prima para nuevos productos. El reciclaje previene que materiales potencialmente útiles lleguen a los rellenos sanitarios o sean quemados, reduciendo los volúmenes destinados a los lugares de disposición final. El reciclaje es el sistema de recuperación por excelencia. Permite usar ciertos residuos como materia prima para producir nuevas mercancías. Papel, cartón, vidrio, plástico, aluminio y metales son susceptibles de ser reciclados una o más veces, contribuyendo a disminuir notablemente el volumen de residuos que se descarta en los sitios de disposición final.
"También debería la alcaldía -dice Pedro Benjamín- incursionar en la elaboración de propuestas jurídicas que prohiban, al menos dentro del municipio, productos como las bolsas de agua, y que exijan reglamentaciones claras para las empresas, a no ser que ellas se comprometan a comprar esos productos una vez desechados."

Agenda nacional, agenda centroamericana

El conjunto de procesos relacionados con el manejo y disposición de los desechos de las actividades domésticas, industriales, agroindustriales, comerciales, hospitalarias e institucionales incluye desde la legislación hasta los procesos de reducción en el origen y en los sistemas de separación en la fuente, la recolección, el reciclado y la disposición final, tanto en lugares públicos como privados. La gestión integral de los residuos debe ser realizada por el conjunto de los actores sociales. Todos tenemos una cuota de responsabilidad en la generación de residuos, en su manejo y en su tratamiento.

Es necesario establecer una política ambiental de acuerdo a la estratificación de la generación de desechos sólidos que se producen, estableciendo el rol y la responsabilidad de los empresarios, las instituciones públicas, los consumidores, las organizaciones ambientales y otros actores sociales. Debe asegurarse la responsabilidad de los diversos sectores productivos y sociales de las municipalidades de acuerdo a la basura que producen.

El sector privado podría beneficiarse si asume la concepción de la producción limpia, aprovechando al máximo la materia prima que utiliza para sus procesos de producción. Las municipalidades podrían iniciar proyectos para autorizar o no determinadas actividades económicas, supervisando su funcionamiento, incentivando las actividades económicamente limpias o cobrando costos, bajo la figura de impuestos ambientales que se puedan usar para reparar daños ocasionados, o bajo la figura de incentivos a las empresas y a la sociedad civil en función del buen manejo que hagan de la basura.

Desde este enfoque integral, el paquete resulta muy grande para una sola alcaldía. Los esfuerzos locales, deben insertarse en un compromiso de país y de toda la sociedad. Y en el marco de las políticas de integración centroamericana, el tema de los desechos sólidos debe incorporarse a la agenda regional. A esta agenda El Salvador, y el equipo de Héctor Silva, tienen mucho que aportar.

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