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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 223 | Octubre 2000
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Nicaragua

Elecciones: los nublados de las vísperas

Nublado está el cielo de hoy y el horizonte de mañana. Las ideologías no dan cuenta de lo que ocurre. Debía ser la hora de la ética, pero el calendario indica que es hora de las elecciones.

Equipo Nitlápan-Envío

En vísperas de las elecciones se acumularon en el cielo -¿o en el infierno?- nacional cúmulos, cirros, nimbos y estratos de varias dimensiones y colores, de distintos significados y trascendencias, que nublan densamente el horizonte. Algunas "instantáneas" del nublado panorama muestran dónde está Nicaragua al celebrar las primeras elecciones municipales de su historia.


Una delgada línea roja

El país está cruzando una peculiar y delgada frontera. Desde hace muchos años, no existe momento en Nicaragua que no deba ser calificado como crítico. El que sirve de contexto a las elecciones municipales lo es especialmente. Tras la quiebra del Interbank -que puso en evidencia, y de golpe, características inquietantes de la frágil economía nacional y de la turbia actividad de algunos de sus actores- todo indica que "no va a pasar nada", o al menos "nada" que signifique voluntad de rectificación, de castigo o de transparencia.

La mayor de las estafas de las que se tenga memoria en la historia económica del país puede concluir simple y llanamente con una formal legitimación social de los estafadores con varios barnices legales. Porque los vínculos de los estafadores con otros poderosos actores económicos y políticos de distinto color e ideología -incluida la ideología religiosa- son fuertes e intocables. Y porque desde hace mucho tiempo, las guerras, las extremas pobrezas -y también las repentinas extremas riquezas- vienen deshaciendo al país y haciéndonos perder capacidad para una acción y una reflexión alternativas.

La fortuna de los Centeno y el capital acumulado por su consorcio empresarial en sólo diez años es inexplicable. El fraude financiero con que quebraron el Interbank fue colosal. La "operación cascarilla" que la acompañó resulta patética. Las "operaciones" descubiertas e intuidas tras el "cascarillazo" y la quiebra del Interbank (graves afectaciones a la empresa de seguros del Estado, exportaciones inventadas, comercializadoras inexistentes, empresas de papel, triangulaciones oscuras, conexiones africanas, bonos de prenda ficticios) aumentaron el tamaño ya gigantesco del escándalo su-mándole aristas más agudas. Las denuncias contra los Centeno de cienes de trabajadores beneficiados en los años 90 con acciones de empresas "de los trabajadores" revelan algunos de los subterfugios legales con los que se amasó esta fortuna. Los vínculos de algunos de los protagonistas de distintos rangos en estas estafas con algunos dirigentes del FSLN son públicos.

El "hoyo" de más de 100 millones de dólares provocado por esta cadena de estafas ha afectado seriamente al conjunto de la economía nacional. El escándalo financiero y sus revelaciones han dañado a toda la banca nacional, han puesto en riesgo el ajuste estructural y han retrasado la condonación de la deuda externa de Nicaragua dentro de la iniciativa HIPC.

El pacto PLC-FSLN garantiza impunidades o asegura nuevas tercias entre los dos grupos rivales. En esas tercias se "legaliza", de derecho o de hecho, lo que se negocia. El débil y debilitado sistema judicial nacional no parece adecuado ni para indagar ni para enfrentar con firmeza y ejemplaridad algo tan grande. Lo más probable es que al final todo quede en nada, dicen los que saben. Esta resignación-pasividad-impotencia-complicidad ha configurado un momento especialmente crítico para Nicaragua. Y es a la sombra oscura de ese nubarrón mayor y denso que se celebran las elecciones municipales.

Un discurso con intención electoral

Después de las primeras veinticuatro horas de un efímero silencio prudente, los Centeno no dejaron de hablar en los medios, a la defensiva y a la ofensiva. En un reportaje pagado en el semanario Siete Días de fines de septiembre aparecen, por ejemplo, estas declaraciones de Alex y Saúl Centeno, que, evidentemente establecen puentes nada subliminales con el discurso electoral antioligárquico de liberales y sandinistas, evocando así una de las "bases económicas" del pacto.

Dicen los Centeno: Hay quienes no quieren aceptar que los que no tienen apellidos ilustres jueguen en el círculo de los grandes empresarios. Los arteros ataques que se han dado sobre el origen de nuestro capital provienen de unas cinco familias oligárquicas que no perdonan que los descendientes de un humilde pero trabajador campesino, Miguel Angel Centeno, hayan construido un capital a base de tesón y trabajo. Desde 1938 nuestro padre fundó la semilla que germinó décadas más tarde en lo que hoy poseemos, lo que no puede ser puesto en entredicho más que por los que creen que sólo naciendo en la Calle Atravesada de Granada se puede llegar a tener dinero... No nos vamos de Nicaragua. Haremos frente a toda esa avalancha de podredumbre que quieren tirarnos encima. Estamos convencidos de que al final saldrá a flote la verdad.

Un oscuro panorama económico

El actual ambiente de recesión económica favorece cualquier forma de populismo demagógico o de paternalismo cortoplacista en las campañas electorales y en la proyección de los candidatos.

Nicaragua no es competitiva. Los costos de producción son muy elevados, los insumos básicos y los combustibles tienen precios altísimos, aún antes del actual incremento del petróleo. La corrupción también tiene costos y lo encarece y enrarece todo. El déficit comercial es enorme, el ahorro nacional es muy escaso, el córdoba está sobrevaluado. Las instituciones no se consolidan, sólo mantienen la apariencia. La pobreza material y moral avanza. También avanza la riqueza obscena e insolidaria, que "da limosnas" para evitar el reto de la equidad.

La quiebra del Interbank hizo más severa una situación ya muy difícil. Han disminuido las reservas internacionales. Ha aumentado el gasto público para "salvar" a los ahorrantes. Las elecciones municipales no cuentan con ningún financiamiento internacional y los desembolsos de ayuda externa han disminuido, como una "advertencia" al gobierno por los escándalos de corrupción. Ha caído el precio internacional del café. La producción cafetalera, con graves problemas de financiamiento, pone en riesgo la actual cosecha y tendrá efectos aún más graves en la próxima. El desempleo rural se ha extendido. Se calcula que el 97% de las fincas cafetaleras del norte del país no funcionan con normalidad. En algunas zonas cafetaleras se podría perder el 50% de la cosecha por falta de financiamiento. A la sequía que arruinó la cosecha de primera siguieron las inundaciones provocadas por el huracán Keith en zonas aún no recuperadas que Mitch devastó hace ahora dos años.

Una cultura caudillista

Las actitudes antidemocráticas que son propias de la cultura política caudillista están muy presentes en las campañas. Por tratarse de elecciones locales, varios organismos de la sociedad civil han hecho loables esfuerzos para desarrollar en la pre-campaña, la campaña y la post-campaña actitudes dirigidas a promover entre la población de una buena cantidad de municipios los rasgos de una nueva conciencia cívica: conocer a los candidatos y sus programas, comprender el poder que les da la Ley de Municipios, asumir la necesidad de participar no sólo votando sino preparándose para colaborar con quienes elijan y también para controlarlos.

Los partidos políticos no han hecho esfuerzos complementarios. Sus campañas promueven machaconamen-te a candidatos que, a cambio de comida, camisetas, láminas de zinc, espectáculos de entretenimiento o visitas paternalistas, piden el voto, reforzando así la tradicional cultura caciquil que caracteriza la política nacional desde hace siglos. Siendo previsible que los resultados del 5 de noviembre conformen concejos municipales plurales, integrados por concejales de los cuatro partidos contendientes, la campaña no prepara a la población para lidiar con esa estructura democrática y pluralista que debe ser el concejo municipal, que representará a la población y en la que estarán representados todos los partidos.

Más bien, se busca reforzar posiciones de exclusión -si votás por Fulano para alcalde acabamos con Mengano- cuando lo más probable es que Mengano y varios de los de su partido terminen integrando el concejo que tendrá que trabajar con Fulano. La expresión más grosera de la tradicional tendencia confrontativa y excluyente fue el mensaje lanzado por el candidato a vicealcalde por el PLC en Managua: hay que votar masivamente por los liberales para erradicar de Nicaragua al sandinismo, tal como se erradicó el gusano barrenador.

Unos resultados clave

La batalla por Managua es la más decisiva por las implicaciones que puedan tener los resultados en la política nacional en apenas unos meses. La encuesta que la empresa M&R realizó en la capital a fines de septiembre, a un mes de los comicios, anunciaba como virtual ganador, con un 38% de intención de voto, a Herty Lewites, candidato del FSLN.

Descubría también el sorprendente incremento de la intención de voto en favor del candidato del Partido Conservador (PC), William Báez, que surgiendo de la nada y en sólo seis semanas, contaba en esa fecha con el 25.6% de la intención de voto, superando al candidato liberal, Wilfredo Navarro, con 21.8%. Otras encuestas ponen a Báez en primer lugar. Las encuestas hablan de "empates técnicos", lo que anuncia una competencia -¿o un fraude?- bastante reñida.

El que la intención de voto por Lewites vaya más allá del voto cautivo del FSLN (20-25%) se debe a su talante no confrontativo y a que evita aparecer junto a Daniel Ortega, el personaje político con mayor opinión desfavorable en el país desde hace un par de años. El que Báez haya crecido tanto, siendo prácticamente desconocido antes de su candidatura, se debe fundamentalmente a que siempre aparece respaldado por Pedro Solórzano, el personaje político con mayor simpatía en el escenario nacional, el más "presidenciable" en vísperas de las elecciones municipales, según muestran las encuestas. En el caso de Navarro, el respaldo abierto y constante que le da el Presidente Alemán -actitud que refuerza el caudillismo- parece garantizarle únicamente el "voto duro" que aún conservan los liberales. Que los votos por Navarro no remonten más allá de esa frontera se debe principalmente a que le toca cargar con el pesado fardo de desprestigio e impopularidad del actual gobierno.

Una victoria de Lewites provocará una mayor obsesión de Daniel Ortega por su candidatura presidencial y ahondará el miedo a la posibilidad de un regreso del FSLN al poder en las elecciones del 2001. Esto aglutinará a todas las fuerzas antisandinistas, dará más razones y fuerza al discurso antisandinista de Alemán y al discurso antipacto de los conservadores. También podría dar fuerza a opciones alternativas (MUN, PLD) si es que logran saltar los fosos de exclusión que les construye con frío cálculo el Consejo Supremo Electoral.

Un bipartidismo forzado

El objetivo público más sólido del pacto PLC-FSLN fue forzar el bipartidismo excluyendo toda otra opción política, grande, mediana o pequeña, que no sea la que ofrecen estos dos partidos "grandes". La reedición de un escenario polarizado entre sandinismo-antisandinismo como el de 1996 es uno de los propósitos implícitos de los dos partidos. Sin embargo, la dispersión y confusión que caracterizan el actual panorama político está haciendo evolucionar el bipartidismo forzado por la Ley Electoral, tanto en Managua como en otros municipios del país. En algunos municipios resurge otro bipartidismo, el histórico: conservadores-liberales, mientras que el anti-sandinismo puro y duro que "cementó" al PLC y le dio el triunfo a Alemán en 1996 se está mostrando mucho más infuncional de lo que el PLC imaginaba. Al FSLN le conviene mucho la polarización de las "paralelas históricas".

En muchos municipios no hacen campaña los cuatro partidos. En muchos municipios elegir candidatos conservadores o del Camino Cristiano no significará necesariamente expresión de un voto de castigo al pacto PLC-FSLN. En Managua, el voto por los conservadores sí puede significar exactamente eso: responder a la consigna del partido verde, que pide castigo al pacto y la corrupción. Votar por Báez puede significar, además de ese voto de castigo, un voto útil cuya "utilidad" sería trastocar el escenario previo a las elecciones nacionales del 2001.

Unas opciones reducidas

En las dos boletas electorales, especialmente en las que tendrán en la mano los managuas, no existe ninguna opción de izquierda. Muchos sandinistas de base, con voto cautivo por el FSLN, no lo percibe así: percibe al FSLN como la izquierda que enfrenta a la derecha tradicional, dividida entre liberales y conservadores, quienes, en principio y en final, juzga iguales. Muchos liberales de base perciben la contienda como un nuevo capítulo de la lucha contra el regreso del sandinismo al poder, y en ese sentido consideran que los conservadores han traicionado esta "justa causa". Estas percepciones falsas las inducen Alemán y Ortega. No las siguen ni Lewites ni Báez.

Una percepción más realista indica que, entre las tres opciones con posibilidades, la elección de fondo en Managua es también una elección entre el pacto y el antipacto. O más exactamente, una elección entre un proyecto estructural -el amarrado en el excluyente pacto PLC-FSLN basado en la corrupción- y un antipactismo que, aunque hasta el momento parece sólo una consigna para ganar votos, podría, de triunfar, abrir fisuras en el nublado celaje político. Que la única opción antipacto en la boleta sea el Partido Conservador no se debe únicamente a las arbitrariedades del CSE. También se debe al sectarismo excluyente de los propios conservadores, que contribuyeron activamente a destruir otra opción antipactista más plural y atractiva, la que representaba la alianza de la Tercera Vía, primero bajo las siglas MDN y después bajo la bandera del MRS.

Una oportunidad histórica

El Partido Conservador tiene ante sí una oportunidad histórica, gane o no en Managua, naturalmente mayor si lo dejan ganar, lo que es dudoso. Conservar la tradición del "verde", alentar la histórica disputa con la paralela liberal, desechar a los sandinistas críticos del FSLN y al sandinismo, no ayudará a los conservadores a descifrar los desafíos de esta hora. Aunque es algo ingenuo imaginar que una oportunidad coyuntural como la abierta por el pacto liberal-sandinista logre llevar a los conservadores a superar su mentalidad sectaria y arrogante, es en la superación de estos sus vicios tradicionales donde hallarían la clave.

Si bien resulta alentadora, no basta una política de puertas en pampas, como la que ha anunciado el presidente del PC, Pedro Solórzano. Entrar por puertas en pampas para encontrarse dentro de la casa con cuartos cerrados por el mismo candado excluyente que fuera de la casa originó el pacto resulta decepcionante.

Creer que representan a toda la oposición y a todo el capital nicaragüense, porque lograron entrar en la boleta, porque cuentan con vieja tradición y antiguos y nuevos capitales, y porque en Solórzano tienen a un forrestgump criollo en irresistible ascenso, les puede llevar a desperdiciar la oportunidad de acoger en una casa aireada por la democracia a tantos vigores dispersos y honestos que no sienten como propia ninguna de las casillas de la actual boleta electoral.

Un fraude por etapas

Lo que empezó con fraude terminará con fraude. El fraude electoral para las elecciones municipales se puso en marcha con el pacto PLC-FSLN que reformó la Ley Electoral, y con el nombramiento partidarizado de los nuevos magistrados del Consejo Supremo Electoral (CSE) y de las restantes autoridades electorales. Después vino el proceso de verificación de firmas, que decapitó partidos. Siguieron otras arbitrariedades de varios tamaños, que eliminaron candidatos y opciones.

Una vez limitada la participación de partidos y de candidatos, el CSE fue seriamente cuestionado por el potencial fraude que podría incluir la decisión de imprimir directamente las boletas en el CSE sin confiar esta tarea a empresas del sector privado. También se han señalado anomalías en el padrón electoral, en la elaboración de las cédulas y documentos supletorios para votar, en la propaganda que se pretende prohibir, en la desidia con que se le toleran al Presidente sus injerencias en el proceso electoral... Desde hace meses varios partidos opositores vienen señalando que, al final, en el día de los comicios, el fraude será informático. La misión de observadores electorales de la OEA -que no garantiza mucha beligerancia- llegó a Managua el 28 de septiembre con dos expertos en informática dispuestos a revisar y controlar el sistema informático del CSE. También se puede sospechar de un fraude electrónico.

Como candidato, es claro que William Baéz le quita más votos a los liberales que a los sandinistas. Alemán quiso excluir de la boleta a los conservadores por el mecanismo de verificación de las firmas, y fue una abierta presión internacional ejecutada hábilmente por los magistrados del FSLN en el CSE la que le permitió a los verdes entrar a la boleta. Aunque el FSLN afirma no temerle a Báez, si continuara en aumento la intención de voto por él -por ser el único que habla del pacto y la corrupción, porque se reconoce en él a un profesional capaz y honrado, porque está avalado por el popular Solórzano-, y Báez llegara a captar una mayoría de votos el 5 de noviembre, es muy difícil creer que se tolerará su triunfo. El pacto no lo puede permitir, y la maquinaria del fraude buscaría cómo actuar. En cualquier caso, están creadas las condiciones para que el desorden de las elecciones del 96 se reedite, y en río revuelto, ganancia de pactistas. ¿De cuál de estos "dos pescadores" será la mayor ganancia? Ahí está el detalle...

Una costosa impopularidad

El partido de Arnoldo Alemán llega a las elecciones municipales en el punto más bajo de su popularidad. Una cadena de escándalos de corrupción y de abusos de poder, aireadas diariamente por prácticamente todos los medios de comunicación escritos, hablados y televisados, ha puesto al PLC "entre el micrófono y la pared". Esta tendencia no va a revertirse, más bien parece profundizarse. El PLC no ha dado una sola muestra de voluntad de rectificación en su descarada ofensiva por institucionalizar la corrupción y desmoralizar así a toda la sociedad, especialmente a la juventud.

En vísperas de las elecciones, la ilegal y escandalosa indemnización millonaria que recibió Edgard Quintana al abandonar la presidencia ejecutiva de la empresa estatal de energía, denunciada consistentemente por los medios, obligó a Quintana a devolver los casi 200 mil dólares con que le "agradecieron" sus servicios -se reservó unos 30 mil-, pero no condujo a que el Presidente le hiciera abandonar su cargo de jefe nacional de la campaña electoral del PLC.

Algo similar había sucedido con Byron Jerez en abril: tuvo que dejar su cargo en la Dirección General de Ingresos presionado internacionalmente, "desde fuera", pero siguió siendo el tesorero del PLC y seguro candidato a diputado por ese partido, con inmunidad garantizada. Después del escándalo con el Tigre Quintana, la lista de escándalos por indemnizaciones continuó sin ningún pudor: "los hombres del presidente" -y alguna mujer- dejaban sus cargos "chineados" con jugosas sumas de dinero y pasaban a postularse a cargos de elección o a trabajar en la campaña electoral. Está más que claro que sin la denuncia de los medios no se conseguiría nada de lo poco que se ha conseguido para frenar la corrupción. Lo que no consigue la ardua labor de los medios es apenas un gramo de pudor entre los funcionarios del PLC denunciados por corruptos. Ninguno reconoce errores o delitos.

Un temor creciente

Managua, con sus mil y un problemas, es la plaza más ansiada por los liberales. Las encuestas indican que les será difícil de alcanzar. Perder en Managua significa romper con diez años consecutivos de administraciones liberales y puede significar, sobre todo, arriesgar el escenario de las elecciones generales. Obligará a Alemán a cambiar su estrategia y tal vez conduzca a elecciones para una Constituyente.

Después de consumada la parte visible del pacto -la institucional y la legal-, y al empezar a alistarse los dos partidos pactistas para medir fuerzas en la campaña electoral, parece haberse extendido entre las filas liberales la insoportable sensación de que los sandinistas "les dieron vuelta". No es un temor totalmente irracional. En una sociedad dominada por el miedo y por la corrupción, la organización "militarizada" de su campaña electoral, augura al FSLN buenos resultados. 15 mil ex-miembros del Ejército y de la Seguridad del Estado a las órdenes del ex-Jefe de la Seguridad, Lenín Cerna, no son cualquier rival.

El PLC no tiene nada similar. Tiene obras de infraestuctura muy visibles por extensas zonas rurales -carreteras, puentes, caminos, escuelas- pero eso no basta en Nicaragua, donde basta una tormenta tropical para inundar "plazas de la fe", arrasar carreteras y desbaratar rotondas mal hechas. Expertos en organización, en disciplina, en conspiración, más hábiles políticamente y más leales a símbolos y a mitos, los sandinistas pueden superar a los liberales, aglutinados fundamentalmente por las prebendas -o las promesas de prebendas- de cargos en el gobierno y por un antisandinismo desfasado.

Está de más decir que, en una cultura política confrontativa y machista, el miedo de los liberales a una victoria del FSLN enardece a buena parte de las bases sandinistas -aun a las que se dicen de la Izquierda del FSLN- y las mueve a cerrar filas en torno al rojinegro, aun cuando sepan que estos colores están secuestrados por Ortega y su círculo.

Una urgencia del FSLN

Si el FSLN gana la alcaldía de Managua, varias cabeceras departamentales y un número significativo de alcaldías, superando las 52 que hoy administra, el liberalismo se verá en apuros. Estos resultados tendrán repercusiones favorables para el FSLN dentro del pacto: podrá negociar con más fuerza lo que aún le falte por negociar. O podrá alzarse con nuevos privilegios.

La más urgente medida de preparación del FSLN para un escenario favorable en las elecciones generales es superar el voto cautivo para acercarlo al 35-40% que negoció y consiguió en el pacto con Alemán. El paso más vistoso en este sentido se dio el 29 de septiembre, cuando Daniel Ortega y el ex-Contralor Agustín Jarquín firmaron la primera fase de una alianza político-electoral: los alcaldes del FSLN que resulten electos se comprometen a respetar una serie de principios que tienen que ver con la participación, la ética y la transparencia en la gestión municipal. Y las escasas bases socialcristianas, y fundamentalmente Jarquín, se comprometen a apoyar a los candidatos del FSLN y a pedir el voto por ellos. A otros compromisos y decisiones llegarán después de las elecciones municipales.


Un "pactito"

La alianza FSLN-USC -el pactito lo llaman también- se presenta a la sociedad como un gesto de tolerancia y de nuevos aires de entendimiento entre enemigos históricos: revolucionarios y contrarrevolucionarios. Parece más una operación de lavado de imagen de la que está necesitado Daniel Ortega y el FSLN. El ex-Contralor entra a esta operación, arriesgando dilapidar aceleradamente todo su capital ético. Llega como una especie de "contralor interno" del FSLN para garantizarle -sobre todo a la comunidad internacional- que la corrupción y la impunidad que son la base del pacto Alemán-Ortega irán en retirada cuando el FSLN llegue al poder. Llega a acicalar a la desprestigiada cúpula del FSLN. La suya es una apuesta extraña, sólo explicable por el pragmatismo que genera la búsqueda impaciente del poder, aun cuando éste quiera ser entendido como un servicio.

Si en unos meses, de esta alianza surge la fórmula presidencial Ortega- Jarquín -como trataban de inducir los discursos y los aplausos del acto en el que se anunció la alianza- Jarquín tendría por delante el inmenso desafío de convencernos de la coherencia de su ética y de su voluntad de iniciar otra forma de hacer política. Esa "forma" incluye también el no divorciar ética privada y ética pública. Daniel Ortega, impune tras su inmunidad ante el grave delito sexual del que está acusado, es el más lamentable exponente de este peligroso divorcio.


Una incógnita presente hasta el final

El desgaste del PLC, unido al miedo a ser derrotados, engañados, superados por sus socios en el pacto, es una de las razones para que aún en las inmediatas vísperas de las elecciones se hablara todavía de la posibilidad de que el gobierno decidiera suspender o postergar las elecciones. Aunque rumor, es una clara señal de los espesos nublados que empañan el panorama.

Ninguno de los países donantes quiso entregar al gobierno ni un dólar para financiar las elecciones municipales, a pesar de que el gobierno solicitó insistentemente esta ayuda. En un escenario económico grave, agravado aún más desde inicios de agosto por el escándalo financiero del Interbank, financiar las elecciones con recursos nacionales -inexplicablemente, la partida para financiar las elecciones nunca ha aparecido en el presupuesto nacional- no sólo es una pesada carga adicional para la economía sino que podría justificar, si no la suspensión o el retraso de los comicios, sí los límites que se tratarían de imponer a los pocos observadores internacionales que llegarán al país si critican los niveles de desorganización o de falta de transparencia que puedan darse ese día, por aquello de que "quien pone la plata es quien platica"...

El 27 de septiembre, el diputado del FSLN Víctor Hugo Tinoco, al señalar la notable desidia de la Asamblea Nacional -de vacaciones en la mitad de julio y durante todo el mes de agosto y con una única sesión plenaria de 15 minutos de duración durante todo el mes de septiembre-, apuntó que no se podía descartar que esta inoperancia fuera calculada, parte de un plan del gobierno orientado a crear incertidumbre y caos, buscando cómo suspender las elecciones, y eso porque están desesperados y angustiados viendo que van a perder muchas alcaldías y después las elecciones generales.

Una participación incierta

El nivel que tenga la abstención es otra incógnita. Podría hasta depender de las condiciones climáticas: el 5 de noviembre el país, o parte de él, podría estar aún bajo los efectos de alguna tormenta tropical o huracán, o bajo los efectos de los desastres que dejan a su paso, como sucedió en esas mismas fechas en 1998, con el Mitch.

En las elecciones municipales, una abstención grande no tendrá mayor significado en los resultados porque con cualquier mayoría se pueden ganar las alcaldías. El significado sería político. En las elecciones generales, aunque la abstención favorecerá a los partidos pactistas -por contar con un voto cautivo-, una anulación significativa de votos podría cerrarle el paso, en la primera vuelta, tanto al PLC como al FSLN, ya que necesitan al menos el 35% de los votos válidos para triunfar.

Naturalmente, tanto en las elecciones municipales como en las generales, una significativa abstención o anulación de votos contribuiría a deslegitimar no sólo los resultados del proceso electoral sino el mismo proceso, conducido por autoridades electorales ya muy deslegitimadas al iniciarlo.

En 1996, en un escenario con muchos menos "nublados" que el actual, el 27% de los empadronados no votó o anuló el voto. ¿Se incrementará ese porcentaje en el 2000? Tal vez no.

Hay que tener en cuenta que si en un país como Nicaragua los partidos políticos se parecen cada vez más a agencias de empleos bien remunerados, como en casi todo el mundo las campañas electorales nicaragüenses se parecen muchísimo a espectáculos destinados a deslumbrar o a entretener o a competencias deportivas, donde el fanatismo y la lealtad a los colores propios consigue sepultar dudas y remover apatías y suspicacias. En estas elecciones, este tipo de lealtad política acrítica favorece, más que a ningún otro partido, al FSLN.

Un inicio poco alentador

La campaña electoral arrancó oficialmente el día 21 de septiembre. El FSLN y el PLC la habían empezado mucho antes, en Managua y en varios municipios, y especialmente en los medios de comunicación nacionales. Al comenzar la competencia, el peor ejemplo individual lo dio el propio Presidente de la República y Presidente honorario del PLC, que no pudo ocultar el "miedo" que en las filas del PLC ha creado la candidatura de William Báez. Alemán descalificó groseramente al candidato conservador en una entrevista, en la que afirmó que en 1985 Báez tuvo un trastorno mental, cuando salió de Nicaragua tras pelearse con Daniel Ortega y los sandinistas, lo que obligó a su familia a recluirlo durante tres años en el sótano de una casa en Washington. Alemán señaló que alguien con una historia así no era capaz de asumir responsabilidades.

Representantes de los cuatro partidos políticos que participan en las elecciones municipales habían firmado días antes, a instancias del Programa del PNUD, una Carta Ética destinada a promover entre todos los candidatos una conducta democrática que compromete a sus partidos y militantes a llevar adelante sus campañas con respeto a las opiniones ajenas, absteniéndose de ofender, calumniar o descalificar al adversario.

Una ética discutible

La Carta Ética se elaboró en el marco del proyecto Transmisión de Gobiernos Locales 2000, auspiciado por el PNUD con el fin de formar e informar a la ciudadanía y a los candidatos para que la transición de las autoridades municipales contribuya a fortalecer el poder local y la conciencia ciudadana. En el primer Encuentro nacional de candidatos a alcaldes, Carmelo Angulo, representante del PNUD en Nicaragua, se tuvo que referir implícitamente a las descalificaciones que el Presidente de la República lanzó contra Báez, y a otras injerencias partidarizadas de Alemán en el proceso: No sólo los candidatos, también los líderes políticos a nivel nacional de los partidos, se comprometieron a una actitud respetuosa del adversario, de su vida privada y de su perfil personal. Todas las personas, tengan el nivel que tengan, deben ser respetuosas.

El 26 de septiembre, Báez y su esposa desmintieron al mandatario, y Báez y la dirección del Partido Conservador solicitaron al CSE que el Presidente fuera enjuiciado en base a la Ley Electoral por injurias y calumnias. El CSE no hizo nada, y Martha McCoy -que estrenaba el cargo de vocera de la Presidencia- se lució emitiendo un comunicado que afirmaba que el Presidente no tenía nada de qué retractarse porque diciendo esto nunca ofendió ni a Báez ni a su familia.

El peor ejemplo institucional lo dio el propio CSE, que inauguró la campaña censurando un spot televisivo del PC en el que Solórzano traza una raya, recordando la que arbitrariamente usó Alemán para inhibirlo como candidato. En el spot, la raya separa a los hijos del pacto y la corrupción de los honestos, y pide el voto para los conservadores. La censura causó un gran revuelo y malestar en la opinión pública, y el CSE tuvo que maniobrar, usando varias formalidades, hasta retractarse de su decisión, como si nunca la hubiera tomado. El PLC y el FSLN, midiendo el buen impacto del spot, insistieron en suprimirlo. Fue un claro triunfo de los medios de comunicación, que hicieron eco a una opinión pública que rechaza toda censura, consciente de que, al menos en el territorio de la libertad de expresión, puede respirar.

Tres vacunas

Los "meteorólogos políticos" que analizan las vísperas hablan, de varias maneras, de la necesidad de superar, en las conciencias personales y en los grupos sociales, tres nublados, para poder ver y sentir algunos rayos de sol después de que concluyan estas tormentosas elecciones y se inicie el huracán para las siguientes, las presidenciales: el sectarismo, el oportunismo, el pesimismo.

No es fácil. El ambiente político nos conduce a diario a caer bajo la sombra de estos nubarrones. Las ideologías no dan ya respuestas adecuadas para imaginar salidas a la honda crisis nacional. La ética debería ser la medida. Para superar el sectarismo de ver honestidad únicamente entre "los míos". Para vencer el oportunismo cortoplacista que siempre genera la cercanía del poder. Para ir más allá de las sombrías informaciones de hoy y ser capaces de imaginar un cielo azul y más transparente.

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