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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 221 | Agosto 2000
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Nicaragua

Tiembla Masaya: lecciones de un desastre

¿Emigramos todos a la zona Atlántica? La zona del Pacífico, la más habitada de Nicaragua, está atravesada por fallas sísmicas. ¿Cómo enfrentar el riesgo? ¿Cómo reducir el peligro? Los terremotos de Masaya vuelven a enseñarnos lecciones que nadie parece querer aprender.

José Luis Rocha

Al mediodía del 6 de julio, con epicentro en la laguna de Apoyo, a sólo 6 kilómetros de la ciudad de Masaya y 38 de Managua, un temblor de 5.9 en la escala de Richter sacudió y castigó con rigor el Plan de la Laguna y el Valle de la Laguna, Masaya, Catarina, Diriá, Diriomo, Diriomito, San Juan de Oriente, Nandasmo, Niquinohomo y Quebrada Honda. Sus efectos se expandieron hasta la ciudad de Granada y no fue en modo alguno leve el estremecimiento que se sintió en Managua. Sin que la población afectada se hubiera recuperado aún del susto, la misma zona fue estremecida en la tarde del 7 de julio por otro sismo de 5.2 en la escala de Richter que triplicó los evacuados hasta llegar a más de 4 mil. Nosotros vimos un burbujeo anormal en el agua -dijo un habitante de los alrededores de la laguna de Apoyo-. Luego parecía una licuadora. Todo charchaleaba como que hervía. Aún presa de la perplejidad, doña Petrona, de Diriomito, declaraba: Mi casa se cayó toda. Sólo el Hombre Araña se salvó, no se cayó la pared en la que estaba un afiche suyo.

Las entrañas de la tierra se retorcieron como muchas veces lo han hecho en Nicaragua, tierra de lagos y volcanes... y sismos, y como siempre, los efectos nos agarraron desprevenidos. De nada han valido las penosas experiencias pasadas ni los múltiples estudios, gritos sin eco que suelen recordar los profetas ex eventu. Casi cinco siglos atrás, andando por estas atribuladas tierras, el cronista de Indias Gonzalo Fernández de Oviedo quiso sentar memoria de las sacudidas y de sus efectos, dejando constancia de la gravedad del fenómeno, de su previsible continuidad y de las medidas aconsejables para un ordenamiento territorial: Todos estos terremotos y tempestades -en las partes que he dicho se han visto- podríamos traer a consecuencia: donde hay las disposiciones de esos montes o zufretales o alumbres, debían los fundadores de nuevas poblaciones apartarse de tales vecindades e asientos peligrosos; porque aunque tarde sucedan semejantes daños, débese considerar que en cualquier tiempo que ello sea, es destrucción e desolación de los hombres e provincias, donde tales tormentas intervienen. Poco hemos avanzado en cinco siglos, y el furor telúrico ha causado, una vez más, la devastación. La conclusión de los damnificados es obvia y sin duda la habrán repetido muchas veces: ¡Vivir aquí le cuerea!

Primer inventario de pérdidas

Los terremotos, que fueron seguidos en los siguientes días por continuos temblores de relativa intensidad, causaron en la Meseta de los Pueblos pérdidas cuya magnitud aún no se calcula de manera exhaustiva. Según los datos que el 13 de julio manejaban la Cruz Roja, MASINFA, Visión Mundial, Iniciativa Ciudadana, UNAG, Defensa Civil y el Movimiento Comunal, procesados por la Coordinadora Civil de Masaya, en todo el municipio de Masaya fueron afectadas 16 mil 402 personas y 3 mil 84 viviendas (1,470 destruidas y 1,614 dañadas), lo que representa el 14% del total de la población y de las viviendas.

Sólo en la ciudad de Masaya resultaron destruidas 189 viviendas y 894 resultaron con daños severos, el 7% del total de las viviendas urbanas. En las zonas rurales de Masaya fue peor: casi el 40% de las viviendas resultaron con algún grado de daño. En el sector de La Ermita, en el Valle de la Laguna se contabilizaban 159 casas destruidas y 296 semidestruidas, quedando sólo 53 en buen estado del total. Sólo en ese pequeño poblado 572 familias (3,020 personas) fueron afectadas por el sismo.

Otros datos de los Comités de Emergencia: En Diriomito 83 casas destruidas, 156 semidestruidas y 5 averiadas. En Granada 13 casas destruidas, 65 semidestruidas y 130 dañadas, por lo que se prevé que habrá que reparar 144 casas y demoler 59. En Diriomo 63 casas destruidas, 126 semidestruidas y 223 averiadas, previéndose 316 reparaciones y 72 demoliciones. En Diriá 43 casas destruidas, 70 semidestruidas y 639 averiadas; habrá que reparar 681 y demoler 42. En estos tres poblados resultaron 9 mil 636 personas afectadas. En Catarina fueron 2 mil 800.

Grietas y derrumbes en el patrimonio cultural

Los terremotos también tuvieron un gran impacto en el patrimonio cultural nicaragüense. Aunque las magníficas imágenes coloniales de la imaginería popular -entre las más apreciadas figuran el Mal Ladrón, el Señor de los Milagros y el Jesús Nazareno de la iglesia del Calvario de Masaya- fueron puestas a salvo, el brutal empujón dejó en condiciones muy precarias varias valiosas iglesias antiguas.

La Iglesia Parroquial de Masaya, la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, que tiene la importancia de haber sido diseñada por Diego José de Porres y Esquivel, mulato guatemalteco que diseñó también la catedral de León, es una formidable construcción que data del siglo XVIII. Estaba en restauración por su acumulado deterioro cuando los temblores rajaron la torre y la Virgen que tenía en el casquete de la fachada -colocada allí a principios del siglo XIX- se desplomó. No obstante ser la más antigua de las iglesias de Masaya -se empezó a construir en 1760-, su calidad de material y su adaptación al suelo sísmico, características propias de la famosa escuela arquitectónica guatemalteca de los de Porres, le permitieron resistir y soportar los embates.

En cambio, la iglesia de San Jerónimo, un edificio del siglo XX, terminado hacia la década de los 50, tuvo serios daños en la bóveda de cañón y en la torre. Como medida cautelar, se piensa cercar esta iglesia para evitar mayores desastres. El diagnóstico de algunos ingenieros es que se podría restaurar, pero el costo ascendería a 500 mil dólares. Otros recomiendan su demolición, medida que sería adoptada sólo en última instancia. A San Jerónimo, cuya fiesta es la que con más algarabía celebran durante todo un mes los masayas, pese a no ser el patrón titular de esa ciudad, se le construyó este templo sobre un antiguo adoratorio indígena porque quedaba exactamente en línea recta frente al volcán, particularidad en la que probablemente se basa la popularidad de San Jerónimo, de Tata Chombo.

La Iglesia del Calvario de Masaya, levantada en el siglo XIX, de teja arábiga y construcción de piedra, sufrió graves daños en su pared lateral izquierda con el primer temblor y se le dañó la fachada. Con el segundo temblor, se terminó de destruir y las paredes laterales quedaron en pésimas condiciones. Aparentemente no admite arreglo y la única salida que recomiendan los expertos es la demolición.

Un caso semejante es el de la iglesia de San Juan de Oriente -data del siglo XVIII-, con preciosa fachada de barroco popular, una de las iglesias más antiguas de la Meseta de los Pueblos. Tuvo notables daños a la altura de la mitad de las paredes y sus contrafuertes quedaron separados. Se recomienda su demolición por ser demasiado costosa la restauración.

La iglesia de la Virgen de Candelaria de Diriá, construcción del siglo XIX con magníficos arcos, también quedó muy dañada, pero admite restauración. La iglesia de Diriomo también es reparable, aunque fue severamente castigada en sus arcos y cornisas. A la Catedral de Granada -moderna, del siglo XX-, se le dañó la capilla del Santísimo. Este templo ocupa el mismo lugar de la iglesia parroquial de Granada, destruida por los filibusteros en tiempos de Walker, y tiene el valor de conservar los restos de muchos obispos de Nicaragua. La iglesia de San Sebastián o Capilla de María Auxiliadora, de los salesianos en Granada, también quedó en malas condiciones, pero es reparable.

Ha sido muy grave el conjunto de los los daños y se necesitarían millones de dólares para rescatarlo todo. Clemente Guido, Director del Instituto Nicaragüense de Cultura, y la Comisión de Patrimonio Nacional del Instituto, se reunieron con los párrocos de las iglesias afectadas para evaluar los daños, calcular los costos de reparación, planificar las operaciones viables y tomar ciertas medidas cautelares. Entre ellas, suspender los oficios religiosos y prohibir los cohetes en sus proximidades, porque las ondas expansivas y las aglomeraciones de feligreses povocarían derrumbes.

Las siete plagas: estrés, vigilia, sequía, ruina económica...

El impacto sicológico en la gente es también visible. A finales de julio, la población seguía, a la expectativa de nuevos temblores, durmiendo en los patios de sus casas, en las calles frente a las casas, o incluso al borde de la carretera. La reactivación del sistema de fallas hacía necesarios estos extremos de previsión. El estrés y las vigilias nocturnas iban minando la productividad y las relaciones familiares. Todos estos problemas vinieron a sumarse a los que ya había ocasionado en Masaya una prolongada sequía. Según Julio Narváez, Presidente Departamental de la UNAG, se perdieron 3 mil 700 de las 6 mil 300 manzanas sembradas con granos básicos. La industria artesanal, especialmente en San Juan de Oriente, conocido como San Juan de los Platos por su célebre cerámica, sufre un declive de graves consecuencias. Se calculan en 180 los artesanos afectados. Y así ocurre con otros artesanos y con otros poblados. Los ladrillos y bloques derrumbados con los sismos aplastaron productos terminados, hornos, tornos, máquinas de coser, sierras y muchos otros medios de producción.

El comercio también sufrió. Esto es particularmente grave porque los pequeños comerciantes de frutas y verduras de Masaya se desenvuelven habitualmente con tal vigor que extienden sus redes hasta Río Blanco, Matiguás y Wiwilí, en el norte de Nicaragua. Uno de los laguneños dice: El pueblo de la laguna es comerciante de verduras en canastos y de escobas. Esos comerciantes se comieron su dinerito en estos días de crisis y ahora no tienen capital de trabajo. No pueden hacer otra cosa que administrar las pérdidas. Su machete es la plata. Necesitan crédito.



Tan cerca de Managua y tan lejos de la ayuda

El famoso Comité de Emergencia, creado por el Sistema de Prevención y Mitigación de Desastres, fruto más del apoyo del PNUD que de iniciativas nacionales, y tragante de tantos recursos, seminarios y estudios interdisciplinarios, se estrenó evadiendo el bulto. Después de haber trepado por los barrancos de la laguna, huyendo de los retumbos y presumibles deslizamientos, buscando dónde capear los embates mientras la tierra se amansaba, los damnificados de los alrededores de la laguna de Apoyo fueron ofendidos con la magra ayuda que les dio el gobierno. A los pocos días de la tragedia empezaron a abandonar los refugios y a retornar a sus viviendas en ruinas. De los 1 mil 200 damnificados que se habían guarecido en la escuela "Laura Vicuña", a los ocho días sólo quedaban 120 niños y 99 adultos, según Leonardo Torres Céspedes, vicegobernador del Club de Leones, quien se sentía muy limitado para apoyar a los afectados por el desastre por la minimización que del mismo hizo el gobierno, muy a tono con la actitud que mostró hace casi dos años ante la tragedia del Mitch.

A una escasa semana de los sismos, el gobierno central declaró que toda la responsabilidad por los damnificados quedaba en manos de la alcaldía de Masaya. En circunstancias normales, la alcaldía de Masaya recauda un promedio mensual de 1 millón 200 mil córdobas, según el Director Administrativo Financiero de la Alcaldía. Pero Marlon Sánchez, Jefe de Recaudaciones de la Comuna de Masaya, estima que en julio, el mes del desastre, y a causa del mismo, con dificultad alcanzarían los 300 mil córdobas.

La situación es mucho más grave en la Meseta de los Pueblos, donde hay menos población, menos obligaciones tienen las administraciones municipales, y aún más escuálidas son las economías de los pobladores. En tiempo ordinario, la Alcaldía de Catarina tiene un ingreso mensual promedio de apenas 6 mil 500 córdobas (unos $500). Esta suma no le permite responder a los más elementales requerimientos de una emergencia. Los alcaldes de los poblados vecinos están en las mismas. Por eso, propusieron al gobierno central que les adelantara las transferencias que les traslada trimestral y cuatrimestralmente a los gobiernos municipales.

Pero, contra la lógica de la necesidad inmediata, y muy a tono con una opción que tomó para una nada desdeñable porción de los fondos del Mitch, el gobierno identificó que el requerimiento principal en esta emergencia era la construcción de carreteras -mejorar las existentes y abrir nuevas vías de acceso- para incrementar el turismo en la zona. Más exactamente, para restaurar cuanto antes el acceso a las residencias de lujo que se multiplican a orillas de la laguna. La condición de área protegida que tiene la laguna de Apoyo y sus áreas aledañas no ha sido respetada y ministros y ex-ministros, altos funcionarios de los últimos tres gobiernos persisten en construir quintas en esta zona, aumentando la vulnerabilidad de la pendiente de la laguna porque las construcciones y roturamientos de caminos socavan las raíces de los árboles que cohesionan estos frágiles terrenos.


Habla el Presidente Alemán: "aquí no ha pasado nada"

Muchas carreteras. Y una oferta de casas famélica. El BANIC prometió un proyecto con viviendas de 36 metros cuadrados. Dicen que cobrarán lo que podamos pagar en el mes, es lo que ahora dicen, aunque después nos vayan a socar la gasa, cavila con recelo uno de los potenciales beneficiarios. Muchas casas semidestruidas se han considerado habitables. Y por eso, aunque sólo en un sector del Valle de la Laguna haya 453 casas afectadas, sólo se habla de construir 80. INATEC contribuirá con 23 casas. Este aporte suma a la satisfacción de una necesidad, pero también suma a la confusión de los pobladores en relación a cuáles serán los criterios de selección.

Predomina una sensación de desamparo, y los damnificados no saben qué puertas tocar. Un habitante del sector de La Ermita dice: Nadie nos apoya. Estamos al sol y al viento. Nos dijeron que no nos iban a ayudar, que la ayuda sólo venía para los del sector de la laguna. El concejal de aquí no ha hecho nada. Los líderes de este lugar han sido terribles. Ni los partidos políticos se aparecen ahora. Sólo para pedir el voto vendrán.

Trabajando con las uñas, los miembros de los Comités de Emergencia locales han restado tiempo a sus compromisos laborales y familiares para servir a sus comunidades. En Diriomito, los mismos pobladores tomaron la iniciativa de formar su comité, dividiéndolo en varios subcomités: coordinación, censo, salud, abastecimiento, comunicación, servicios básicos, transporte y apoyo. Fueron muy respaldadas por el párroco de Ticuantepe y por los comerciantes del mercado Israel Lewites de Managua. Según José Ramón Ruiz, miembro del comité, el Estado brilla por su ausencia: No hemos recibido ayuda ni del gobierno central ni del gobierno local. Visitamos la Alcaldía de Masaya. Tuvimos dos reuniones: el lunes 10 y el jueves 13 de julio. El Alcalde prometió víveres y hasta ahora no ha venido nada. Nos sentimos engañados. No nos ayudó como había prometido. Sentimos que hemos sido objeto de burla. Otro miembro del comité añade: El Presidente Alemán llegó aquí al mirador de Diriomito. Se bajó y dijo: ‘Aquí no ha pasado nada’. Quizás quería ver tendaladas de muertos. Pero una cosa es ir por el camino y otra cosa es apearse y meterse vereda adentro. Ahí es donde está la catástrofe. Por eso no nos apoya el gobierno y ni siquiera nos mientan. Mejor, porque la ilusión está pavimentada de promesas. En una emergencia, la sensibilidad y la eficacia se ponen a prueba en los primeros días posteriores al desastre. Esta ocasión es una más para que la suspicacia de los donantes halle plena justificación.

Falta de solidaridad de los managuas

En algunos lugares, los pobladores fueron apoyados por médicos voluntarios, aunque curando a puro panadol. Los maestros de las zonas del desastre tuvieron desiguales reacciones: unos se quedaron donando sus días de vacaciones, otros salieron despavoridos. Pese a que hubo mucha ayuda de personas particulares, que optaron por distribuir su ayuda ellos mismos y directamente, sin intermediarios estatales o no gubernamentales, la falta de solidaridad es la amarga acusación de los masayas contra sus vecinos de Managua.

Los habitantes de Masaya recuerdan el terremoto del 22 de diciembre de 1972, cuando no vacilaron en brindar alojamiento en Masaya a los damnificados de la capital, que en masa lo solicitaron. A la hora de este terremoto de Masaya no han visto muestras de una solidaridad similar y generalizada. Son otros tiempos. ¿Mejores? Ahora, todo se deja en las cada vez más invisibles manos del Estado, en las insuficientes manos de las ONGs y en las férreas manos del mercado. El descontento ha cundido incluso entre los mismos correligionarios del PLC: A puro mazo están derribando las casas semidestruidas, sin adecuados equipos de demolición, se quejan. Ni siquiera los ricos propietarios de los chalets asentados en las orillas de la laguna de Apoyo auxiliaron a sus ocasionales vecinos que hacen las veces de vigilantes de sus propiedades. Los magnates, así los llaman, están absortos en abogar con eficacia por la reparación de las carreteras que les permiten llegar a sus quintas de verano.

Las mujeres, más vulnerables

Las ONGs critican fundamentalmente que se esté tratando a los damnificados como "los pobrecitos" que sólo están para recibir ayuda, sin reconocerles poder de decisión. Las ONGs locales conformaron la Coordinadora Civil de Masaya, para ejecutar acciones en favor de tres mil familias afectadas con ayuda de la cooperación internacional. La iniciativa agrupa a 28 organizaciones que articularán actividades conjuntas según la especialidad de cada una: prevención, vivienda, salud mental, seguridad alimentaria y generación de empleo. Todas las acciones tendrán tres ejes transversales: medio ambiente, ética comunitaria y género (atención específica a mujeres, niños y niñas).

¿Por qué el género? Los de mente simple, sobre todo si son varones, insisten en que es "una moda". Y no es así. A la hora de un desastre, las mujeres son más vulnerables que los varones. Peor: son los varones de la propia familia quienes las hacen más vulnerables. Unas trabajadoras sociales pertenecientes a una ONG de Masaya observaron que en los refugios de damnificados las mujeres están dedicadas a labores domésticas mientras sus maridos están emborrachándose. Iguales actitudes se detectaron cuando el Mitch. Como "los hombres no lloran", cuando un desastre ante el cual se sienten impotentes les hace llorar, buscan "equilibrar" ese desequilibrio emocional que no saben manejar abusando de su poder: está estudiado que en las situaciones de emergencia provocadas por desastres naturales se dispara la violencia de los hombres contra las mujeres, las niñas y los niños. También la violencia sexual.

Las operaciones de apoyo a la rehabilitación tendrán tres fases: emergencia, reconstrucción y desarrollo. Entre las organizaciones que integran esta coordinadora se encuentran la UNAG, la Colectiva de Mujeres, MASINFA, CEPAD, Visión Mundial, COPROSA, el Movimiento Comunal, el Centro de Mujeres de Masaya, Cruz Roja, Fundación Nakawe, Ixchen, ADESO y las Comunidades Cristianas de Base.

El PLC quiso hacer contrapeso político a esta iniciativa pluralista, de todos los colores y muy alejada del "rojo sin mancha", creando su propia ONG, llamada Iniciativa Ciudadana. Su representante es el candidato a alcalde de Masaya por el PLC, Carlos Hüeck Núñez, nieto de Cornelio Hüeck, el nefasto lugarteniente de Tacho Somoza. Con esta movida, el PLC pretende sellar la muy coreada victoria de los liberales en la Ciudad de las Flores.


Una institucionalidad frágil sobre terreno movedizo

En el sector de La Ermita, en el Valle de la Laguna, junto a la capilla y bajo una enramada de palma, un grupo de jóvenes voluntarios de la Cruz Roja enseña juegos a los niños damnificados que, a borbotones, acuden imantados por los caramelos. Es la terapia por trato sicosocial, me aclara uno de los mirones, ya aleccionado en la nomenclatura.

Tras los temblores, cayó sobre la zona un bombardeo de censos. La Defensa Civil, BAVINIC, INATEC y diversas ONGs medían las casas, generando expectativas y subiendo los decibelios de la confusión. El olor a muerto los atrae, dice un damnificado. Acuden los técnicos, mesándose los cabellos al interrogarse sobre si los camiones podrán transitar por tan estrechas veredas para depositar los materiales de construcción. Quizás en esta real imposibilidad está el porqué de los retrasos en las reparaciones y en las nuevas construcciones.

Censos y cintas métricas van y vienen y nadie las detiene. Los funcionarios de INETER señalan dónde ya no se debe construir, pero no aclaran dónde sí se puede construir, cuándo se efectuarán las reubicaciones -en caso de haberlas- y a costillas de quién o de cuál institución se hará este esfuerzo. Quizás ahí está el detalle que tanta rascadera de cabeza produce. Algunos no hablan de reubicaciones, sino de evitar el crecimiento de la población hacia las zonas más surcadas por fallas sísmicas.

Los Comités de Emergencia locales son los que se han movido para obtener ayudas. Han tocado, pateado y hasta derribado puertas. Pero, aunque tratan de poner los pies en la tierra, los cimientos de la institucionalidad local están asentados sobre terreno movedizo. Muchas fisuras dejan filtrar la ayuda, dejándola en los primeros tramos del canal. A veces, el canal es angosto y no tiene capacidad más que para dosis muy limitadas. También sucede que cuando no hay nada que canalizar, el canal se llena de tierra y hay que construirlo nuevamente.


Evangélicos y católicos: las trabas de la polarización religiosa

En el sector de La Ermita la traba más patente ha sido la polarización religiosa. En general, la mayoría reconoce que los evangélicos se han puesto las pilas. La Defensa Civil, con el apoyo de la iglesia evangélica, formó un comité de emergencia en ese sector. Pero el hecho de que en cada visita de una delegación evangélica provista de donativos se haya celebrado el culto, con gran algarabía de salmos y masiva concurrencia, ha despertado enconados celos en un núcleo de católicos.

Como el templo evangélico fue resquebrajado por los temblores, esas celebraciones tuvieron lugar en la plazoleta contigua a la iglesia católica, lo que fue interpretado por algunos feligreses católicos como una descarada provocación. En el clímax de la suspicacia, la repartición indiscriminada, en lugar de ser vista como una solidaridad ecuménica, ha sido interpretada como un maquiavélico proselitismo.

Juan Carlos Dávila, el pastor evangélico de la Iglesia de Dios Pentecostal, trata de aclarar el malentendido: Es cierto que una de nuestras celebraciones coincidió con la celebración del Santísimo. Yo les dije que eso no era sectarismo, me disculpé y pedí permiso para tener el culto después de la celebración católica. Lo que pasa es que se llenaba la plazoleta con gente convirtiéndose al Señor y aceptando a Cristo. Todo era muy alegre, porque los hermanos que nos visitaban traían ayuda y palabras de aliento. También hubo católicos que en un momento de reflexión bíblica buscaban a Dios. Carlos Méndez, feligrés católico, está de acuerdo con estas declaraciones:

Se formó un comité católico que no está haciendo nada y no quiso fusionarse con el comité que formó la Defensa Civil, donde hay mayoría de evangélicos. Los católicos aseguran que los evangélicos están favoreciendo más a los de su religión, en desquite de lo que hizo el párroco de Posoltega cuando el huracán Mitch. Pero eso fue al inicio. Yo soy católico y he recibido ayuda, porque el sol sale y nos calienta a todos, a moros y cristianos, a buenos y malos, a inteligentes e ignorantes, a trabajadores y haraganes. Esta ayuda, como el sol, es una bendición de Dios. Espero que no sólo por recibir la ayuda algunos estén dejando de ser moros y se conviertan en cristianos.

Faltan comités de emergencia y sobran líderes

Otro factor de estancamiento de las operaciones de emergencia, común a casi todas las poblaciones afectadas, fue la carencia de comités de emergencia. Con cada desastre, se inventan y se reinventan sucesivamente los comités de emergencia. Muchas novatadas con la mejor voluntad. Las estructuras que hace años creó el FSLN han venido debilitándose. Los Comités de Defensa Sandinista (CDS) fueron reciclados por el gobierno de Violeta Barrios en Comités Comarcales. Después, la escoba del PLC barrió con las estructuras locales en no pocas comarcas. Hoy, los comités de emergencia deben ser improvisados o reinventados tras cada desastre. De poco sirve que exista un comité de emergencia nacional si sus tentáculos se desvanecen a medida que se extienden para tocar tierra. Las alcaldías no han hecho nada por crear comités de emergencia en las comarcas que no fueron afectadas en octubre de 1998 por el huracán Mitch.

Pero cuando hay fondos sobreabundan los líderes. Líderes locales. No es sorprendente: la mayoría de los pobladores tiene más de 40 años de vivir en la zona y conoce todo y a todos. Cada ONG, partido y entidad estatal tiene su almácigo de dirigentes. El problema es que, en una situación de emergencia y ante la multitud de líderes, cada institución se aboca a "sus" líderes, canalizando la ayuda a través de ellos, pretendiendo que sean ellos quienes se coloquen al frente del comité de emergencia y adopten las estructuras que los funcionarios de turno tienen en mente. Ante esta dispersión, uno se pregunta si el pueblo, el pueblo llano, municipal y espeso, ¿tiene líderes más allá de los que avala una organización exógena y consagra un financiamiento externo y efímero?

El resultado de la movilización de este amplio abanico de líderes son las distribuciones a la zumbamarumba. Cada ONG hace lo que se le ocurre, soslayando las débiles estructuras locales. También cada iglesia. Así funcionan las cosas: Un microbus rojo con el rótulo "El Buen Pastor" se parquea junto a la iglesia. Se abre la puerta y baja un cura fácilmente identificable: camisa negra manga larga, cuello romano y caminado tieso para recalcar la solemnidad. Después de contemplar las costillas hundidas del templo, da inicio a un caos de distribución entre los que de casualidad se encontraban cerca: zapatillas, caramelos y algunas piezas de vestir van manando de puertas y ventanillas. Al cabo de unos minutos, cuando la multitud amenaza con asfixiar a "los donantes", el microbus parte precipitadamente. Ha cumplido con "su conciencia solidaria".

Algunas instituciones optaron por otra actitud. Vecinos Mundiales se preocupó por formar un comité en Diriomito para que canalizaran no sólo sus aportes. Y la Coordinadora de ONGs de Masaya está tratando de articular acciones conjuntas. Se empiezan a dar pasos más estratégicos. Esperemos que sus huellas sean duraderas.

¿Atender la damnificación súbita o solucionar la damnificación crónica?

La ayuda ha debido enfrentarse a un dilema que es también recurrente: ser solución de lo inmediato o apostar a transformar una pobreza que atenaza desde cuan largo es el siglo. ¿Atender a la damnificación súbita o a la damnificación crónica, a la necesidad de largo plazo o a la que suscitó la catástrofe? Ante este dilema, el de fondo, las instituciones se enzarzan en debates que revelan más la falta de definición de su perfil que una voluntad seria de aportar a los pobres. La prevención de desastres es el gran perdedor en ese río revuelto, porque nuevamente el tema del desarrollo se impone y opaca cualquier otro requerimiento. La falacia, que ya va haciendo callo en este ámbito, consiste en pensar que toda acción que reduzca la vulnerabilidad tiene que ver con la lucha contra la pobreza y que la lucha contra la pobreza basta para ponernos a salvo de las amenazas naturales. No es así. La prevención es un tema específico, que no se vincula únicamente a la pobreza, aunque, naturalmente, no hacerle su lugar específico a la prevención refleja mucha pobreza de ideas.

"Dios sabe lo que hace"

El problema también es cultural. Algunas percepciones de la realidad son paralizantes y no estimulan a tomar medidas preventivas. ¿Para qué prevenir nada? En el mundo de la pobreza y en el de los empobrecidos el fatalismo se adueña de las voluntades. Josefa Dávila está segura de que Dios nunca se equivoca: si el terremoto hubiera sido de noche, toditos iríamos en fila al panteón. O mejor, nos hubieran pegado fuego a todos juntos. También está segura del futuro: Y ahora, ¿qué hacemos? A comenzar de nuevo. Bastante con estar vivos. Dios sabe lo que hace. Al menos, uno escucha de su boca una teoría de la predestinación que no paraliza, porque tiene energía para "comenzar de nuevo", aunque ese eterno retorno de Sísifo cobra en sudores y en canas.

Pero también abundan quienes sostienen que no hay nada que hacer porque donde nos agarre, a la parca nadie se le escapa. Nadie se muere en la víspera. Para quienes así piensan, las medidas preventivas están de más y la búsqueda de lugares más seguros no son más que una agitación inútil. Algunos modernos "teóricos del desarrollo" idealizan lo endógeno y la cosmovisión local, olvidando que esa cosmovisión es una construcción social, no endógena de forma químicamente pura, sino inducida en parte por párrocos mal formados, por patrones oportunistas, por dirigentes populistas, y por un machismo cultural arraigado y extremadamente paralizante.

"No de balde estamos en el año 2000"

Los períodos de recurrencia de los desastres naturales se han acortado en los últimos diez años en todo el mundo. También en Nicaragua. Este dato es indiscutible, aunque los especialistas no alcancen consenso entre su elevada significación estadística y su posible atribución a una situación circunstancial que suma, a los efectos nacionales, procesos mundiales como el calentamiento global del planeta. Ante esta realidad -desastres y catástrofes cada vez más frecuentes- la población reacciona muchas veces con conclusiones de tipo milenarista, con fatalismos apocalípticos que poco ayudan a la articulación de programas preventivos centrados sobre las causas de la vulnerabilidad. De estos elementos fatalistas y predeterministas estuvieron plagadas las explicaciones del desastre entre la población afectada. No faltó el determinismo milenarista, el ya estaba escrito porque ya se acerca el fin del mundo, pues no de balde estamos en el año 2000. Y bueno es Dios que no nos ha matado.

Muchos están escudriñando entre los hechos previos, aun en los más insignificantes, como augures descifrando las entrañas de un animal sacrificado, cazando indicios, señales premonitorias, de la catástrofe que se avecinaba. No pocos pobladores recuerdan que, días antes de los temblores, unos cheles anduvieron navegando por la laguna de Apoyo y advirtieron a unos pescadores del peligro inminente porque ellos ya sabían que iba a venir un terremoto. Y es que algo tenía que ocurrir -muchos dicen que dicen- con ese bosque que hay al fondo de la laguna. Quizás se cayeron algunos árboles frondosos de esos que están bajo el agua, o quizás se despeñaron algunas de las rocas de una montaña que dicen que hay en el fondo.

Un valioso estudio de nicas y checos

El fatalismo y la superstición se amalgamaron con la ciencia. Después, apareció INETER "leyendo" la tierra. Efectivamente, unos "cheles" anduvieron zarandeando la tierra y haciendo pronósticos, por supuesto fatídicos. Pero no un par de días antes del terremoto, sino hace dos años. De entonces data el documento titulado Estudio geológico y reconocimiento de la amenaza geológica. Área de Masaya y Granada (1998), que recoge los resultados de la investigación realizada por el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales y el Instituto Geológico Checo de Praga. El estudio incluye una evaluación compleja de las estructuras geológicas de la zona volcánica de la Depresión de Nicaragua y la evaluación de los peligros geológicos y naturales alrededor de ciudades grandes como Managua, Masaya, Granada y Nandaime.

El trabajo de campo comprendió estudios geológicos, vulcanológicos, pedológicos (estudio del suelo) y litoestratigráficos (de la extensión, espesores y estructuras de las rocas). La cooperación checa financió toda la investigación a fin de mejorar el conocimiento geológico del área y arrojar luces en el trabajo de planificación del territorio y de la construcción. El estudio estaba destinado a ser una pieza para prevenir las consecuencias destructivas de los fenómenos naturales con el establecimiento y difusión de criterios geológicos aplicables al desarrollo urbano. También mitigaría los efectos de los desastres determinando vías de evacuación.

Tierra inestable y herida de muy delgada epidermis

La zona de este estudio fue precisamente la afectada ahora por los últimos sismos: el área comprendida entre los dos grandes lagos de Nicaragua, el Cocibolca y el Xolotlán. Muchos de los poblados de esta zona se encuentran asentados sobre colosales acumulaciones de piedra pómez procedentes de antiquísimas erupciones del volcán Apoyo. Hace 23 mil años una erupción destruyó el volcán Apoyo, que arrojó monumentales cantidades de piedra pómez a los aldedores de una laguna que allí se formaría miles de años después. Cuesta creer que el espejo azul que hoy contemplamos sea el recuerdo de tan colosal "desastre natural".

Esta área está ubicada sobre lo que los geólogos denominan calderas, antiguos centros volcánicos donde en la actualidad se desarrollan procesos de hundimiento intenso, con bloques en descenso que son ocultados por depósitos volcánicos relativamente jóvenes. Los frecuentes enjambres sísmicos que ocurren en esta área tienen su origen en la inestabilidad de los bordes de las calderas. El estudio no excluye la reactivación de la estructura volcánica de Apoyo. La alta densidad poblacional de esta área incrementa el riesgo de desastres. Poblados afectados ahora como Diriá, Diriomo y San Juan de Oriente están en el cruce de las calderas de Carazo y Apoyo, donde el proceso de hundimiento de las capas tectónicas puede ser muy intenso y representar una fatal amenaza.

El estudio identificó que el riesgo más elevado corresponde a la ciudad de Masaya, situada en los límites de tres calderas. La superficie sobre la cual se asienta esta ciudad y sus alrededores está formada por un potente flujo piroclástico bajo el cual se ubica un sistema muy inestable de bloques tectónicos, aún en etapa de desarrollo. Los alrededores de Masaya tienen también suelos poco firmes. De ahí que las sacudidas hayan fragmentado en miles de trozos los pisos de las casas del Valle de la Laguna. Un laguneño recuerda las observaciones que escuchó hace tiempo al personal de INETER: Dijeron que nosotros estamos encima de la falla. Como yo lo veo, hay una rotura en la tierra. Al haber este terremoto la tierra se abrió fácilmente, porque toda esta tierra fue movida, es como terraplén, tierra muy floja.

El origen volcánico y joven de los cimientos de los suelos, su frágil contextura, su exposición a la erosión tanto externa como subterránea, hacen difícilmente habitables estos extensos terrenos. La delgada epidermis de la tierra difícilmente puede disimular la descomposición interna, las fracturas y múltiples contusiones de su interior.


Uno de los países con mayor índice de sismicidad del mundo

Buena parte del territorio de Nicaragua está marcado por fallas, aberturas internas sin cicatrizar. Paralela a la costa del Pacífico, y a sólo 150 kilómetros de nuestro territorio se encuentra la Fosa Mesoamericana, ese gran accidente geológico que marca el límite de la intersección de dos placas tectónicas, la placa de Cocos y la placa Caribe. Desde tiempos remotos, la intersección de esas dos placas ha significado fuerzas en tensión, fricciones, fusión de rocas y rupturas, lo que provoca grandes sismos.

Hasta hace medio siglo los registros no daban cuenta exhaustiva del vigor de los movimientos telúricos. Hoy, los aparatos modernos permiten conocer la verdadera fuerza de esta actividad. Mediante el monitoreo de 16 estaciones y 20 acelerógrafos, INETER detectó en territorio nicaragüense 11 mil movimientos sísmicos entre 1975 y 1982. En los tres años siguientes llegó a registrar 4 mil sismos, la mayoría de ellos de una intensidad imperceptible para la población.

Entre 1528 y 1998 la población nicaragüense ha sentido nada menos que 136 sismos violentos, que produjeron significativos daños humanos y materiales. Estos grandes sismos pueden ser clasificados en sismos mayores -los asociados a los grandes movimientos de las placas, que tienen una recurrencia de 30 a 50 años- y sismos menores -los ligados a las fallas de la cordillera volcánica, que tienen una frecuencia de 10.8 años-. Estos índices colocan a Nicaragua entre los países con más alto índice de sismicidad del mundo. Sin embargo, los sismos que más han afectado a las ciudades nicaragüenses no son de gran intensidad. Ninguno ha superado los 6.9 de la escala Richter. El de efectos más devastadores de nuestra historia, el de diciembre de 1972 en Managua, sólo alcanzó una magnitud de 5.6 en la escala Richter, pero tuvo capacidad para destruir la capital: 75% de las casas desplomadas o inhabilitadas, 250 mil personas sin hogar, 11 mil personas muertas y 20 mil heridas y un área afectada de 27 kilómetros cuadrados. Según un estudio que para una ONG sueca realizaron Jaime Wheelock, Jaime Incer Barquero y Lorenzo Cardenal, el daño catastrófico de este tipo de sismos se atribuye a que los principales asentamientos de población descansan sobre la Depresión de los Lagos, donde los terrenos son más frágiles y presentan mayor fracturamiento. Otra razón son los pobres e inadecuados sistemas de construcción.


No hay presupuesto, no hay voluntad

Observando el mapa de INETER, que dibuja las fallas con distintos tipos de líneas punteadas, el Alcalde de Diriomo, Francisco Campos, concluye: Esta región parece papaya rayada. Yo estoy afligido. En una reciente visita, los técnicos checos identificaron la solución inapelable pero irrealizable: todos al Atlántico. El record de sismos de 1997 y 1998 muestra que solamente el 1.8% tuvo lugar en las zonas norte central y atlántica. El noreste de la llanura del Atlántico es considerada zona libre de sismos debido a su ubicación sobre un área estable, menos fallada y poco deformada de la placa Caribe.

Ante la imposibilidad de ordenar y de ejecutar semejante migración masiva, se impone exigir con rigor normas de construcción y expandir las ciudades hacia áreas más seguras. Es preciso ser conscientes, por ejemplo, de que la erosión actual tiene lugar sobre acumulaciones de depósitos volcánicos no consolidados y que es facilitada por la soltura y permeabilidad de los depósitos. Las escorrentías lavan las partículas volcánicas finas y van formando gradualmente cavernas, primero aisladas, pero que con el tiempo se unen para formar cavernas de dimensiones considerables. Estas cavidades, estimuladas por las sacudidas telúricas, posibilitan los hundimientos que incrementan el efecto de los temblores. Como se observó en la zona donde fue mayor el impacto de los últimos temblores, las casas sufrieron fisuras por la inestabilidad de sus bases. Es previsible que en el área comprendida entre la laguna de Apoyo y el lago Cocibolca, muy expuesta a la erosión subterránea por estar sobre la línea de drenaje de esas masas de agua, se sentirán siempre más severamente los efectos de los temblores.

Desafortunadamente, muchos seguirán haciendo caso omiso de todas las advertencias. No hay presupuesto ni hay voluntad. Los funcionarios estatales, que deberían haber encendido la luz roja hace tiempo, yacen en una cómoda indolencia. Para ellos, la laguna de Apoyo es sólo lugar de veraneo, y no lugar de aplicación de medidas de prevención de desastres. Así se explica que el informe de la misión checa haya tenido un período de fermentación de dos años. Fue el caballo regalado al que no se le miró el colmillo ni el lomo ni la crin ni nada, porque se le destinó a dormir el sueño de los justos en alguna polvorienta gaveta-sarcófago de la burocracia. Se ha hecho hábito en las instituciones estatales el que estudios y encuestas, financiados por la cooperación externa, sean embalsamados cuanto antes y no estén siquiera a la venta para que el ojo de la ciudadanía interesada pueda conocerlos. La información es poder. En Nicaragua, se está fraguando una nueva forma de analfabetismo.


Nueve de cada diez casas están mal construidas

La tesis de que las malas construcciones acrecientan los efectos del desastre es de fácil comprobación. En Nicaragua, existe un Código de Construcción, pero no se respeta y las infracciones impunes resultan, según la Cámara Nicaragüense de la Construcción, en que nada menos que el 90% de las casas están mal construidas, sin la supervisión de un profesional de la construcción. La mayor parte de lo construido en la región del Pacífico se asienta sobre fallas sísmicas.

Las construcciones de madera eran las típicas en la España medieval. Hasta las tejas se hacían de madera. Hubo una época en que ni aun las fortalezas eran de piedra en su totalidad. Las guerras que tuvieron lugar en la España del siglo XV pusieron "de moda" arrasar poblados enteros incendiándolos. Terminadas estas guerras, las normativas municipales impusieron la construcción de casas con material menos vulnerable al fuego. La conquista y la colonización exportaron este modelo a América, a Nicaragua, y la necesidad de estatus hizo que gradualmente se fuera generalizando entre la mayor parte de la población. A esta razón histórica se añadió la mayor durabilidad de las construcciones de piedra, ladrillo o taquezal.

Efímeras casas de taquezal y de piedra cantera

En Masaya y en toda la Meseta de los Pueblos -la zona terremoteada en el 2000- abundan las casas de taquezal y ladrillo. El taquezal es un "esqueleteado" de madera al que se da "carne" a base de piedras sin labrar, colocadas en una especie de mampostería en la que ajustan unas piedras con otras sin orden ni concierto. Se hace caso omiso del tamaño del las piedras y del uso de la escuadra y todo se une con una argamasa de lodo que proporciona una cohesión efímera. Un alto porcentaje de las casas de la ciudad de Masaya que se cayeron con los terremotos eran antiguas edificaciones de taquezal.

En el área rural, el muy popular ladrillo cuarterón-una masa de barro cocida en forma de paralepípedo- ha venido siendo sustituido por la piedra cantera. Mientras en Europa la revolución industrial hizo posible la difusión del ladrillo, debido a que los yacimientos de arcilla eran mucho más abundantes que los de piedra de cantería, en los pueblos que circundan la laguna de Apoyo, la sobreabundancia de piedra cantera, ha hecho de este material el recurso clave y casi exclusivo de las construcciones.

Aquí se inventó la construcción de piedra cantera, asegura un vecino del Valle de la Laguna. Los pobladores de la zona no ocultan el orgullo por esa abundante riqueza mineral. Y, en efecto, es el material que más abunda, vomitado por erupciones de datación milenaria. El bloque de piedra cantera se compra a 10 córdobas y se extrae de las canteras a punta de barra y pulmón. Existen dos variedades: la piedra cantera azul -muy compacta, pero impermeable- y la piedra pómez. Ésta última puede ser extraída de los innumerables yacimientos que dejaron las deposiciones volcánicas, pero también suele ser fabricada combinando cemento y arena pómez. Una forma de reducir los costos -con los fatídicos resultados que se han visto ahora- consiste en reducir la proporción de cemento y aumentar la de arena, que es el material disponible al costo de sólo el acarreo. La porosidad de la piedra pómez ha hecho que la gente la prefiera a la piedra cantera azul. Se presume que esta cualidad la hace más receptiva a la mezcla de cemento y más capaz de uniones durables, imperecederas. Pero en la práctica, la piedra pómez tiende a desmoronarse con mayor facilidad por su textura más quebradiza, especialmente si -como es ya un hábito inveterado- en su confección se usó escasa cantidad de cemento.

Construir según el constructor y según el bolsillo

En asuntos de construcción se juntan el hambre con las ganas de comer: la necesidad de vivienda con la necesidad de empleo. Los resultados son fatales. El alcalde de Diriomo observa que la gente hace las casas de bloque sin columnas en las esquinas, o pone el hierro de forma inadecuada, o pone el arranque y sobre él va la columna, sin zapata, sin parrilla. Como el hierro es cada vez más caro, por eso ponen piedra traslapada o sólo dos varillas, y muy delgadas, por viga.

En esta zona, la casa promedio tiene ventanas pequeñas y pocas, dos puertas, techo de tejas que van siendo sustituidos por láminas de zinc y paredes de taquezal, bloque, ladrillo cuarterón, adobe, piedra cantera azul o piedra pómez -llamada por algunos talpuja-. Los adobes son viejos y mal aplomados e incluso deformes porque sus perímetros no son rectilíneos. Los bloques muchas veces no van nivelados y su escasa dotación de cemento los hace tan desmoronables como gigantescos terrones de azúcar. Las tejas lamosas y bermejas están prestas a deslizarse de sus desvencijados soportes.

No hay supervisión de la alcaldía. -enfatiza José Dávila, del Plan de la Laguna-. Se construye al conocimiento del constructor. Y los constructores son muchas veces unos chapuceros. Las dificultades económicas los obligan a construir de la manera más barata. La Alcaldía de Diriomo tiene una propuesta, que sería un primer paso para la solución de este problema crónico. El alcalde, Francisco Campos, con la experiencia que le da llevar sobre sus espaldas tres períodos como alcalde, está trabajando con un Comité de prevención, mitigación y atención de desastres creado dos semanas antes de los sismos e integrado por la Alcaldía, el Centro de operaciones de emergencia y las Comisiones de salud, suministros, infraestructura y transporte, ambiente y recursos naturales, y defensa del consumidor. Con su talante de párroco al que todos acuden para resolver hasta sus más íntimas tribulaciones, Francisco Campos explica la iniciativa municipal: Queremos que los ciudadanos no restauren sus casas con las mismas técnicas inadecuadas. Hemos sugerido a INETER que el Ministerio de Transporte de Infraestructura organice seminarios de capacitación a los albañiles y elabore una cartilla y un código de construcción. Desgraciadamente, de momento las alcaldías no tienen ningún equipo para supervisar las construcciones. Se concede el llamado permiso de línea sin supervisión alguna. Y así es que la gente, por no gastar, construye mal. Así funciona la economía mal planteada.

El problema es económico

El problema, como en muchos otros asuntos y ocasiones, es económico. Contra esa pared vienen a estrellarse las mejores recomendaciones, los estudios más concienzudos y los planes rezumantes de buenas intenciones. El ecólogo Lorenzo Cardenal asegura que los asentamientos humanos se ubican por factores económicos, sociales y políticos. El sistema de asentamientos humanos de un país tiene una lógica territorial que obedece a la historia de la ocupación del territorio por parte de la población y a los recursos del medio físico-natural. De esta manera, la forma en que están distribuidas las ciudades principales, las secundarias y los pueblos y caseríos, es la expresión de la evolución de las fuerzas económicas, sociales y políticas que han moldeado la historia de nuestra nación. La riqueza natural de la Meseta de los Pueblos, sus fuentes de agua y su posición estratégica respecto de los centros urbanos más importantes del país, han sido atractivos suficientes para su crecimiento poblacional, no obstante su gran exposición a los riesgos.

La capital, Managua, en una ubicación aún más comprometida, también persiste en conservar su emplazamiento, haciendo caso omiso de la recurrencia de fenómenos catastróficos. El territorio que ocupa Managua está plagado de fallas tectónicas activas, cuyo devastador efecto se multiplica potencialmente por los pésimos sistemas constructivos de la población pobre y por el acelerado crecimiento urbano. Por añadidura, su condición de valle y los deficientes sistemas de drenaje la hacen extremadamente propensa a inundaciones.

a clave de la prevención está en la adaptabilidad

Recientes desarrollos en ecología sugieren que los medioambientes locales ya no deberían ser vistos como ecosistemas estables y equilibrados, sino como paisajes sometidos a cambios constantes, que emergen como productos de procesos ecológicos dinámicos y variables y están sujetos a eventos perturbadores, en interacción con la intervención humana. Más que ver los problemas del medio ambiente en términos de un desbalance entre las comunidades y sus recursos, con el supuesto implícito de que un pre-existente y natural balance puede y debe ser reestablecido, las medidas a proponer deben ir más allá de lo técnicamente ideal en materia de ordenamiento territorial y considerar que la vulnerabilidad de los asentamientos a los temblores depende de su ubicación, y que aunque ésta determina el tipo de riesgos, también lo determinarán las tecnologías empleadas en las construcciones. Lorenzo Cardenal observa que el concepto clave para interpretar el manejo social de la vulnerabilidad física es lo que llamamos ‘adaptabilidad’, es decir, la capacidad de una comunidad de absorber los cambios ocasionados en su entorno por un desastre.

Poco se ha hecho en Nicaragua para incrementar la adaptabilidad de las poblaciones que habitan en condiciones de riesgo. Ni el trazado urbanístico, ni la infraestructura vial y de drenaje, ni los métodos de construcción reflejan ninguna atención a los riesgos.

Las ciudades se van construyendo a la zumbamarumba. Cada quien construye y estornuda como Dios le ayuda, sin tomar medidas contra la muy posible ocurrencia de desastres. Las normas de construcción no son aplicadas ni siquiera conocidas. No hay voluntad de divulgarlas. Y en caso de que existiera esta voluntad y se difundieran técnicas y normas, el bolsillo habla: los bajos ingresos de la mayoría son el pantano en el que cualquier buena iniciativa termina por sucumbir.

En lo que toca a los sismos, el problema de la prevención de desastres se relaciona directamente con el problema del acceso a la vivienda. Las posibilidades de una vivienda segura y digna están definidas por los ingresos de las familias que desean mejorar su vivienda. Los procedimientos mediante los cuales se llega a obtener una vivienda no tienen que ver únicamente con la economía monetarizada. En el área rural, y para los sectores marginales de las ciudades, importan ante todo las relaciones sociales, los vínculos, algunas "argollas". Por ejemplo, las relaciones de compadrazgo con ciertos maestros de obra. Se impone estudiar, conocer, comprender la racionalidad que rige a la gente de escasos recursos cuando decide construir su vivenda. Esta racionalidad procura suplir las debilidades institucionales y financieras del país y del interesado. Caer en la cuenta de esta racionalidad es un paso imprescindible para ser conscientes de que la prevención de desastres, en el ámbito de la vivienda, pasa, entre otros factores, por programas de crédito inmobiliario, investigación en materia de nuevos materiales y formación de buenos albañiles.

El problema también es político

Los alcaldes de la zona afectada ven claramente que los sectores de menores ingresos deberían ser objeto de la asistencia estatal para garantizar que los materiales de construcción que emplean y los métodos de construcción de los que se valen sean adecuados a los riesgos a los que están expuestos. Los técnicos de INETER proponen un ordenamiento territorial que adecúe la distribución de la población a las heridas de la tierra. Resulta evidente que la adecuación no es la regla, y que las ciudades crecen de forma acelerada y sin concierto.

Resulta evidente que la realidad política, también la realidad del pacto PLC-FSLN, ha creado un contexto de reconcentración de tierras, y esto fuerza a las mayorías a construir sobre los escasos lotes accesibles, sobre los desechos del latifundio y sobre los márgenes que deja libre la geofagia que espolea a los poderosos terratenientes de viejo o de nuevo cuño, a los rojos sin mancha, a los verdes, a los rojinegros, socios de otros poderosos terratenientes de viejo o de nuevo cuño que llegan voraces de El Salvador, de Guatemala, de México... La recomposición de los grupos económicos que hoy se está dando en Nicaragua también tiene que ver con todo esto. El problema también es político. Son muchas, muchísimas, las lecciones que nos enseñaron las entrañas de Masaya al temblar.

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