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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 220 | Julio 2000
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Nicaragua

Camino a las elecciones: dolores del pacto

El bipartidismo irracional al que fuerza la Ley Electoral y la evidente recesión económica están facilitando el ascenso del orteguismo. El regreso al poder del FSLN es una eventualidad con la que hay que empezar a contar.

Equipo Nitlápan-Envío

Por las vísperas se saca el día. Las antevísperas de las elecciones municipales -con una rígida Ley Electoral que ha demostrado su capacidad de exclusión- y con las instituciones del Estado al servicio de los propósitos, y hasta de los caprichos, de los caudillos de los dos partidos pactistas, permiten ir perfilando algunos de los rasgos que podrían tener las elecciones generales de noviembre del 2001.

La puesta en marcha de la maquinaria electoral, tanto la institucional -las estructuras del Consejo Supremo Electoral (CSE)- como la de los partidos que luchan por participar en las elecciones, evidenció, de forma rotunda, a veces grotesca, el principal resultado del pacto: un bipartidismo forzado y un incremento de las posibilidades del retorno al poder del FSLN dominado por el orteguismo. Se empiezan a palpar los dolores del pacto.


Un bipartidismo irracional

Un sector de la comunidad internacional que sostiene la distorsionada economía nicaragüense con préstamos y donaciones influyó decisivamente para que el Presidente Alemán -empeñado en juntar las elecciones municipales con las presidenciales, obstinado en convocar a elecciones para una Constituyente- terminara aceptando el calendario electoral. Ahora, el empeño de la cooperación internacional es que las elecciones sean justas y transparentes.

El desembolso de la ayuda bilateral de varios países europeos y hasta el ingreso de Nicaragua en la iniciativa HIPC para la condonación de parte de su deuda externa depende de que no existan "signos fraudulentos" en los dos procesos electorales. Este empeño de la cooperación externa encuentra límites en los objetivos del pacto Alemán-Ortega. La administración de la Ley Electoral reformada en manos del nuevo Consejo Supremo Electoral pactado lo está demostrando.

Hace unos meses, un análisis de las reformas hechas a la Ley Electoral, realizado para la cooperación externa por el consultor internacional Horacio Boneo, resultó concluyente. La Ley Electoral de Nicaragua -ya reformada en 1995- fue reformada por el pacto FSLN-PLC con el claro objetivo de limitar cualquier competencia que pudiera afectar la hegemonía compartida de los pactistas. Boneo estudió las reformas hechas a la Ley en 1995 y las hechas en el 2000 para concluir que la reforma pactada busca pasar de un sistema que debilita la democracia por la vía del fraccionamiento de los partidos a un sistema que debilita la democracia forzando el bipartidismo por la vía de la exclusión irracional de los competidores. Nicaragua ha hecho así la transición de un pluralismo político irracional a un bipartidismo irracional.

La crisis nacional exige racionalidad. La racionalidad supone capacidad de renuncia y una mirada menos cortoplacista, dos virtudes políticas que no parecen abundar en la actual coyuntura nacional.


Un proceso excluyente

Cuando el 12 de junio el Presidente Alemán convocó teatralmente a un Diálogo Nacional -que nació muerto-, contando con el respaldo técnico, facilitador y operativo del PNUD y de la OEA, uno de los primeros temas que los sectores opuestos al pacto colocaron en la agenda de los facilitadores internacionales fue la posibilidad de hacer cambios a la Ley Electoral. Se estaba haciendo ya evidente el peso de los requisitos onerosos, de casi imposible cumplimiento (informe de Boneo) para que alianzas y partidos decididos a desafiar al PLC y al FSLN pudieran participar en el proceso electoral municipal.

Ante esta sugerencia, Alemán y Ortega señalaron, cada uno por su lado, cada uno con su peculiar estilo abusivo, que la "institucionalidad y el respeto al Estado de derecho" impedían tocar las nuevas reglas del juego electoral. Otros voceros del PLC y el FSLN resaltaron que una nueva reforma a la Ley reformada significaría automáticamente la postergación de las elecciones. Un círculo vicioso: si hay elecciones son excluyentes y si no hay exclusión no puede haber elecciones... En el terreno electoral casi todos los esfuerzos se encuentran en ese callejón sin salida que de previo construyó el pacto.


Una condición difícil

Entre los varios requisitos "onerosos" de la Ley Electoral pactada está la recogida de firmas -en número equivalente al 3% del padrón electoral- para respaldar la inscripción de un partido, de una alianza de partidos -en este caso, aumenta el número según los partidos que se alían- y de sus candidatos. Esta condición planteó a los partidos una tarea no sólo colosal sino plagada de obstáculos. Más del 30% de los votantes nicaragüenses no saben leer ni escribir y firman con la huella digital. El 30% de los votantes no tiene aún su cédula, y el número de la cédula es condición indispensable para poder dar la firma. Aunque estas dos realidades reducen notablemente el potencial "banco" donde recoger firmas, nunca el CSE se refirió a estas problemáticas, sólo mantuvo férreamente la condición onerosa.


Un propósito: la confusión

La confusión o la presión creada en torno a la recogida de firmas añadió otros problemas subjetivos: recelos y suspicacias. Presión porque muchos funcionarios del Estado se vieron forzados, por miedo a perder su empleo, a firmar respaldando al PLC. Confusión porque nunca quedó clara la razón por la que no se podía firmar respaldando la inscripción de dos o más partidos. Presión y confusión porque mucha gente tuvo miedo a dar su firma por algo que no entiende ni se le ha explicado bien: muchos sintieron que con la firma rompían el secreto del voto. El CSE no hizo ningún esfuerzo pedagógico por aclarar nada, dedicándose únicamente a recibir firmas y a anular una buena proporción de ellas.

En esta etapa pre-electoral, confundir fue la meta de los dos partidos del pacto. Porque después de la confusión... viene la calma, las "certezas". Sólo los caciques con tribu podrán llegar a la boleta electoral, según la versión de Daniel Ortega. Sólo son dos las opciones: el bien y el mal, la luz y las tinieblas, el PLC y el FSLN, según Arnoldo Alemán.


Un procedimiento "con firma"

Para hacerlo aún más oneroso, el Consejo Supremo Electoral estableció un procedimiento de verificación de las firmas que se presentaban que eliminó decenas de miles -incluidas muchas del PLC- por no llenar los requisitos. Liberales antialemanistas del Movimiento de Salvación Liberal (MSL) y del Partido Liberal Nacionalista (PLN) fueron los más beligerantes en denunciar el proceso de verificación por usar tácticas de cansancio y técnicas de oscuridad. Nueve partidos se unieron el 30 de junio en un Movimiento Antifraude demandando que se suprimiera el proceso de verificación de firmas y se ampliaran los plazos para presentarlas al CSE, amenazando con denuncias internacionales, protestas callejeras, solicitudes de asilo político tras tomas masivas de las embajadas de los países donantes, y hasta con una guerra civil.

El proceso de verificación de firmas -no mencionado en la Ley Electoral- fue iniciado con gran retraso por el CSE, en él se utilizaron discutibles criterios de selección de muestras y para llevarlo a cabo se empleó a personas con limitada preparación que iniciaban su tarea a la caída de la tarde para finalizarla al amanecer. Esto afectó seriamente a todos los partidos políticos.


Un innecesario fraude "clásico"

La opinión pública opuesta al pacto ha denunciado que el Consejo Supremo Electoral surgido del pacto prepara un fraude para repartir las alcaldías entre los dos partidos pactistas, como antes ya se habían repartido las instituciones del Estado. Sin embargo, el proceso previo de inhibir candidatos y de eliminar partidos hace innecesario un fraude en el conteo de los votos el día de los comicios. Este método "clásico" de fraude aparece cada vez más obsoleto y desfasado. Lo ocurrido en Perú lo demuestra: en tiempos globalitarios y de democraduras los gobiernos disponen de caminos más seguros y "legales" para garantizar un pre-fraude sin exponerse a los inquisidores ojos de esas "aves de paso" que son los observadores internacionales que llegan a los países del Sur para vigilar la transparencia de la jornada electoral.

En vísperas de que el 3 de julio fueran electos, según el pacto, los nuevos magistrados del CSE, dándole al Poder Electoral un nuevo rostro -¿y es que no afecta un cambio tan drástico en vísperas electorales la transparencia del proceso?-, el propio Presidente Alemán se adelantó a usurpar las funciones del CSE declarando en entrevistas y en mitines que en la boleta de votación los nicaragüenses sólo tendrán tres opciones: PLC, FSLN y Camino Cristiano. "Mejor que en los Estados Unidos, donde sólo hay dos partidos", comentó Alemán, elogiando la democracia nicaragüense...


Una contaminación del espacio local

Por primera vez en la historia de Nicaragua las elecciones municipales se celebran independientemente de las elecciones generales. Esta novedad política -lo local primando sobre lo nacional- aparecía hace unos meses como una buena ocasión para reforzar el poder local, los vínculos directos entre los ciudadanos y sus potenciales representantes, la emergencia de programas, propuestas y proyectos concretos. No está siendo así. Y no sólo porque una ley excluyente y un CSE pactado han reducido las opciones que aparecen en las boletas, sino porque es objetivo del FSLN y del PLC que las elecciones municipales tengan olor y sabor de elecciones presidenciales.

De hecho, aun antes de comenzar, la campaña para las elecciones municipales está ya contaminada con la elección nacional. Porque, tanto Daniel Ortega como Arnoldo Alemán están en abierta campaña recorriendo los municipios, con la justificación de respaldar -con su "bendición"- a los candidatos de los dos partidos que controlan. Y porque la autonomía o independencia, en función de los intereses locales, de todos esos candidatos es dudosa sabiendo que los candidatos del PLC han sido impuestos por el "dedazo" de Alemán y su círculo y los candidatos del FSLN son muchos de ellos fruto de las maniobras que las estructuras del FSLN hicieron en la consulta interna de ese partido.


Una campaña donde se abusa de la gente

En sus giras de campaña por los municipios, Alemán y Ortega abusan de las necesidades y de la desesperanza de la gente. El Presidente Alemán no sólo inaugura como "obras de progreso" de su gobierno las hechas por las alcaldías con el apoyo de ONGs internacionales, sino que alienta populistamente a la irresponsabilidad. En Estelí y en San Ramón (Condega), por ejemplo, prometió a los campesinos que si votaban por los candidatos del PLC, éstos les perdonarían las deudas que, en pequeñas sumas y a muy largo plazo, se comprometieron a pagar a organismos austríacos y alemanes que construyeron casas después del desastre del Mitch. También abusa el FSLN, construyendo un halo mesiánico sobre Daniel Ortega. El aparato de propaganda electoral del FSLN informa, por ejemplo, que cuando Ortega llegó a la pobrísima comunidad norteña de San Lucas llovió después de una larga sequía. Y ante las cámaras de TV se induce a los campesinos a comentar que la lluvia es una señal del cielo que les asegura que sólo Daniel puede cambiar las cosas si vuelve a ser Presidente...

Arnoldo Alemán y Daniel Ortega quieren reeditar en el año 2001 el escenario de polarización y de miedos que caracterizó las elecciones del año 1996, cuando el miedo al retorno del somocismo -encarnado en Alemán- le dio votos a Daniel Ortega, y el miedo al retorno del sandinismo le dio el triunfo a Arnoldo Alemán y a los liberales.

Las elecciones municipales están sirviendo para el ensayo de este escenario de miedo. El miedo es un sentimiento irracional, que tiene una enorme capacidad para ejercer control sobre las personas y sobre las sociedades. El miedo se ha convertido en pieza clave de la dictadura de dos cabezas que vienen construyendo los pactistas. El miedo irracional encaja perfectamente con una Ley Electoral que fomenta un bipartidismo irracional.


FSLN: cerrando filas

A la hora de votar, las expectativas de la población nicaragüense no son nada ambiciosas. Casi todas tienen que ver con la mejora de situaciones económicas críticas, infrahumanas, más que con lo que considera tal vez "lujos" democráticos: la instalación o fortalecimiento de las instituciones -afectadas por el pacto- o la construcción de espacios de participación política desde los que la ciudadanía pueda controlar la corrupción o sea tenida en cuenta a la hora de tomar decisiones.

En este contexto de expectativas limitadas, donde predominan las "razones" socioeconómicas, hay que entender que el fuerte sentimiento antipacto que en estos meses se extendió entre las filas sandinistas no se traducirá en un voto contra el FSLN. Por las agudas carencias económicas, por tradición "familar", por una fidelidad casi religiosa, por el peso de la historia y de sus mitos y gestas heroicas, y muy especialmente por no "desperdiciar" el voto apoyando una alternativa a la que se le ven razones pero no se le ven posibilidades de ganar, muchísimos sandinistas críticos del pacto y críticos también del antiético liderazgo de Daniel Ortega votarán "cerrando filas" por el FSLN y por su caudillo.


La responsabilidad de la Izquierda del FSLN

A fomentar estas actitudes han contribuido significativamente los voceros de la llamada Izquierda del FSLN. Por defender tan apasionadamente durante los meses previos a la consumación del pacto unas reformas a la Ley Electoral que sabían eran excluyentes. Por defender con tanta convicción el "derecho" del FSLN a tener "sus" representantes en las instituciones del Estado. Porque hasta el día de hoy siguen argumentando que en 1996 Alemán le "robó" las elecciones al FSLN.

Desde hace meses éstos y otros discursos le han estado haciendo el juego a la estrategia "unitaria" de Daniel Ortega. Hoy, a pesar de todo lo que ya ha visto de ese juego, la Izquierda del FSLN sigue haciéndoselo. Aunque las posibilidades de renovar al FSLN "desde dentro" son mínimas, y en nombre de acumular fuerzas opuestas al orteguismo al interior del FSLN, la Izquierda respalda activamente a todos los candidatos del FSLN, sean quienes sean, y alienta en las bases sandinistas la ilusión de cambios de fondo con el regreso del FSLN al poder. Actuando así, su oposición "de izquierda" se agota en lo testimonial y hasta el momento sólo parece traducirse en denuncias. ¿O es que esperan "mejores" tiempos "posicionados" para ser los sustitutos de quienes hoy dominan la cúpula partidaria?

La realidad es que la Izquierda ha contribuido a que Ortega haya logrado controlar caudillista y exitosamente la disidencia interna antipactista. En la otra acera, el caudillismo alemanista está en desventaja al enfrentar, por primera vez, una importante disidencia interna encabezada por José Antonio Alvarado, que ha sacado sus fichas con inteligencia: juega a futuro Presidente, pero no a caudillo.


Una economía desfavorable a los liberales

Hasta el momento, el gran ganador del pacto PLC-FSLN está siendo el orteguismo sandinista. El contexto económico también favorece al FSLN, aunque sólo sea por ser tan desfavorable al partido en el gobierno. La situación económica del año 2000 está resultando muy difícil para el gobierno y el escenario del año 2001 se presenta aún más sombrío.

La capacidad del PLC de promover clientelismo político durante la campaña electoral está limitada por el conflicto entre el gobierno y la cooperación internacional, motivado estructuralmente por el pacto con el FSLN, pero, además, por una escalada de escándalos de corrupción y de provocaciones de mala educación del mandatario.

El flujo de ayuda externa se ha reducido en términos reales y los desembolsos acordados en Estocolmo, aunque ratificados en Washington, se están haciendo a paso de tortuga. Mientras, se mantienen los "onerosos" compromisos asumidos por el gobierno dentro del ESAF, que hoy, en el marco del nuevo enfoque de los países del G-7, ha pasado a denominarse PRGF, Programa de Reducción de la Pobreza y del Crecimiento, por sus siglas en inglés (Poverty Reduction and Grow Facililty).

Dentro del PRGF, el gobierno tiene que cumplir unas 45 condicionalidades macroeconómicas, de reforma estructural y de tipo político. Entre el paquete de reformas estructurales está el establecimiento de los nuevos Tribunales de la Propiedad, la resolución de 1 mil 400 casos pendientes de conflictos de propiedad -lo que supone indemnizaciones-, la costosa reforma de la seguridad social con la introducción del nuevo sistema de pensiones administrado por empresas privadas, la privatización parcial de las telecomunicaciones y la energía eléctrica, con un ajuste mensual que debe incrementar las tarifas de los servicios de agua y luz. Este conjunto de medidas obliga al gobierno liberal -en su punto más bajo de popularidad- a adoptar medidas impopulares sin recursos adicionales para "parar el golpe".


Una "mini-recesión" que complica las cosas

Los meses ya transcurridos del invierno 2000 no han traído lluvias. La cosecha de primera se ha perdido en gran parte del país. La sequía es otro dato negativo que se suma a los que pesan desde hace meses sobre la economía nicaragüense. A la crisis, algunos la llaman "desaceleración", otros la bautizan como "mini-recesión". Para los voceros del gobierno no tiene nombre porque no hay nada anormal que justifique preocupación.

Pero el gobierno sí está preocupado. El retraso de los desembolsos de la ayuda externa -esta situación no cambiará hasta después de las elecciones- está teniendo un impacto negativo en toda la economía. Ha forzado al Banco Central a captar divisas en el mercado financiero nacional para poder realizar los pagos del servicio de la deuda externa y mantener un nivel aceptable de reservas internacionales. El Banco Central tuvo que emitir bonos y "sugerir" a los bancos privados que los compraran. De lo contrario, les incrementaría el encaje legal, las reservas que los bancos están obligados a mantener en el Banco Central. La compra de bonos ha restringido seriamente la oferta de crédito de la banca privada a las empresas y a la población, y ha provocado un alza sustancial de las tasas de interés. La iliquidez está afectando gravemente al sector comercial y a la industria de la construcción. El desempleo está aumentando en Managua y en otras ciudades. El gobierno ha "reconocido" la crisis al verse obligado a modificar las proyecciones de crecimiento económico que venía anunciando, reduciéndolas del 7% al 5%.


Un granero sin granos: la crisis rural

A este negativo panorama hay que sumarle la caída de los precios internacionales de los principales productos de exportación, que ha provocado la quiebra de varias empresas agroindustriales grandes y una iliquidez generalizada entre los empresarios y pequeños y medianos productores agropecuarios. Efectos dramáticos en el empleo y en el nivel de ingresos se están sintiendo ya en diversos puntos del país, especialmente en Occidente.

Durante toda su gestión, el gobierno liberal se ha mostrado falto de inciativas y de ideas ante la crisis rural. Ha sido incapaz de crear un sector público agropecuario eficiente y decidido a fomentar el desarrollo del campo. Ha sido incapaz de crear una institucionalidad alternativa para llenar el vacío que en créditos y servicios dejó el cierre del Banco Nacional de Desarrollo. Tal vez era ésta la realidad que tenía en la mente el artífice del pacto con el FSLN y padrino del Presidente, Jaime Morales Carazo, cuando admitió que al gobierno de su ahijado le había sobrado tecnocratismo y le había faltado desarrollismo.

El Presidente Alemán, que llegó al poder enarbolando la bandera de hacer de Nicaragua "el granero de Centroamérica" ha cambiado dos veces al Ministro de Agricultura en los últimos nueve meses y ha usado al Instituto de Desarrollo Rural con el objetivo prioritario de aumentar su clientela política. A pesar de tantos pesares, el apoyo internacional -que ha permitido al gobierno hacer inversiones significativas y muy visibles en escuelas, centros de salud y caminos rurales-, podría conservarle al PLC la lealtad de los votantes rurales de amplias zonas del interior del país donde el recuerdo de los amargos días de la guerra es todavía muy fuerte y alimenta el miedo al sandinismo y a esa "hora del lobo" que sería su retorno al poder.


Unas salidas que son de largo plazo

Cualquier ganador en las elecciones tiene ante sí un estrecho margen de maniobra y el reto de invertir para abrir salidas que son de largo plazo. El economista Néstor Avendaño no deja de insistir en ello: "Los resultados macroeconómicos de los últimos años no son satisfactorios: el crecimiento de la producción es insuficiente, el desempleo continúa elevado, la pobreza no se reduce, la estabilidad de precios no se afianza totalmente y la dependencia del ahorro externo se acentúa. La insuficiencia del crecimiento económico de largo plazo plantea la necesidad de buscar nuevas fuentes de dinamismo productivo, a la par que se fortalecen las existentes. Pero no se puede crecer sostenidamente sin una adecuada inserción en la economía internacional, que facilite a una economía tan pequeña como la nuestra el acceso a mercados más grandes".

"Una estrategia de desarrollo basada en las exportaciones -como la actual- no se logra sólo con un proceso de apertura comercial, enfatizando sólo la desgravación arancelaria. Para que Nicaragua pueda beneficiarse de la apertura, necesita fortalecer instituciones democráticas y mejorar la salud y la educación de su gente. En un plazo más corto, el reto es crear y fortalecer un marco institucional que defina reglas del juego claras y estables que prioricen la erradicación de la corrupción y el fortalecimiento de los sistemas judiciales. La tarea más ardua -mejorar la calidad de nuestros recursos humanos- requiere del largo plazo. Formar a nuestra gente requiere de una inversión sostenida. Y esto plantea discutir a fondo la composición del gasto público y la estructura tributaria. Es un reto que hay que emprender hoy, porque sólo tendrá resultados en el largo plazo".

La situación de descomposición y de violencia cotidiana nos indica que dentro de la formación que requieren "nuestros recursos humanos" resulta prioritario formarlos en la equidad de género. Lo recordaba lúcidamente el embajador de Suecia Jan Bjerninger al despedirse de Nicaragua: Veo un problema muy grande en este país, que desafortunadamente está también en otros países: aquí los hombres toman las decisiones y las mujeres las responsabilidades. Creo que en el futuro hay que tener un mejor balance, porque ya hay espacios para una participación más amplia de las mujeres dentro del gobierno, en las empresas y dentro de la propia familia.


Un proyecto para militarizar las elecciones

En un contexto favorable -desgaste en picada de Alemán, recesión económica, exclusión de opciones alternativas, cierre de filas partidarias-, la cúpula del FSLN ha puesto en marcha el que llama Ejército Electoral Sandinista, que tiene al frente una Comisión de Asuntos Electorales integrada por dos componentes: el de Defensa del Voto -presidido por Lenín Cerna, ex-jefe de la seguridad del Estado en los 80-, y el de Conquista del Voto, coordinado por el ex-General del Ejército Alvaro Baltodano. Ambos han reagrupado bajo su mando a veteranos cuadros político-militares, a ex-militares y a ex-miembros de la seguridad del Estado.


La convocatoria de "un cacique"

A la par de esta "militarización" del trabajo político, la cúpula del FSLN ha lanzado una ofensiva para atraer, de diversas maneras y con distintos señuelos, a militantes y simpatizantes sandinistas de todos los sectores sociales que se habían ido alejando, decepcionados o disidentes, durante estos años. Por el imán del "voto útil" y abrumados por el cierre de espacios económicos y políticos, han comenzado a volver a las filas del FSLN funcionarios y técnicos de las estructuras estatales en los años 80. El regreso público al FSLN, con el pañuelo rojinegro al cuello y el discurso de la "defensa de los pobres" del economista Alejandro Martínez Cuenca es el signo más elocuente del éxito de esta ofensiva. Huelen victoria, huelen poder, comenta un observador.

Buscando reforzar una imagen de seguridad triunfalista, y después de una sarta de descalificaciones, condenas y burlas públicas, Daniel Ortega -proclamándose un cacique con tribu y con un penacho otorgado por esa tribu- ha empezado a llamar a destacados sandinistas alejados del FSLN -Dora María Téllez, Joaquín Cuadra, William Ramírez...- para que regresen al FSLN. Los convoca, en un gesto de generosidad porque después de las elecciones no van a tener ningún espacio político fuera del FSLN.

La concepción de que sólo desde los partidos -en este caso, desde "dos" partidos- se puede actuar en política es exactamente uno de los objetivos del pacto. Sin embargo, Nicaragua necesita otra forma de hacer política, y hacer política no se agota ni en una militancia partidaria ni en el ejercicio del gobierno.


La hora del lobo

¿Viene el lobo? Una victoria del FSLN y de Daniel Ortega en las elecciones generales ha empezado a ser contemplada por distintos sectores nacionales como una eventualidad con la que hay que contar, aunque todavía existe un "menú" de frenos para impedir ese desastre político. La eventualidad de un retorno al poder del FSLN bajo la conducción de Daniel Ortega cuenta desde ya con el rechazo de prácticamente toda la comunidad internacional que sostiene la frágil economía de Nicaragua.

En este sentido, la participación en las elecciones presidenciales de la alternativa conservadora (Vidaurre, Solórzano, ¿doña Violeta?), de la nueva alternativa Unidad Nacional que promueve Joaquín Cuadra (¿es realmente alternativa? ¿logrará consolidarse a pesar de los "requisitos onerosos"?) o de la que encabeza, desde el liberalismo, José Antonio Alvarado, pudiera ser forzada por las presiones de la comunidad internacional, especialmente por las del gobierno de los Estados Unidos, que rechaza tanto a Ortega como a Alemán.


La necesaria tercera vía

Destruir, descalificar e inhibir alternativas "de centro" ha sido un objetivo fundamental de la Ley Electoral reformada y del CSE pactado. Pero la dispersión de las fuerzas que se quedaron en "el centro" al consumarse el pacto y al comenzar a instaurarse el "bipartidismo irracional", no sólo se debe a causas externas. También tiene importantes causas internas. La oposición al pacto Alemán-Ortega no basta para aglutinar una oposición unida y fuerte que presente a la ciudadanía un programa verdaderamente nacional y de largo plazo. La dispersión de los opositores al FSLN y al PLC tiene razones ideológicas, políticas y económicas, y encuentra explicaciones en los cortoplacismos, personalismos y protagonismos que caracterizan la cultura política nacional. Todo esto ha impedido la conformación de una "tercera vía" amplia, de un verdadero proyecto de nación que integre fuerzas de la derecha no alemanista, de la izquierda no orteguista y del centro. La crisis nacional demanda la conjunción de todas estas fuerzas.


¿Cuál es la solución?

La sociedad nicaragüense, dividida desde siempre entre una minoría rica y una mayoría pobre, polarizada a lo largo de su historia republicana entre conservadores y liberales, entre somocistas y antisomocistas, entre sandinistas y antisandinistas, tal vez no está aún preparada para una alternativa de "centro" donde la tolerancia, el respeto a las diferencias, la superación de los fanatismos del pasado, y una mirada racional hacia el futuro sea el cimiento donde edificar un proyecto nacional.

Cuando a fines de mayo los devastadores virus que afectan a la clase política destruyeron al MDN como opción de tercera vía y Dora María Téllez anunció que aceptaba el reto de ser candidata a alcaldesa de Managua bajo la bandera del Movimiento Renovador Sandinista, intento en el que la respaldaron empresarios y dirigentes políticos no sandinistas, ella comentó en una extensa entrevista radial: "No podemos vivir de los traidos del pasado. En el MDN, y ahora en este nuevo esfuerzo, hemos querido demostrar que es posible sentar juntas a personas que en el pasado estuvieron en distintas aceras, pero que hoy se unen para buscar soluciones para el futuro. Creo que el país necesita de soluciones conjuntas. El derrocamiento de la dictadura somocista es el mejor ejemplo de unidad nacional que tenemos en nuestra historia. Todos nos unimos para la solución de un problema. Hoy, el problema de Nicaragua es que cada vez somos más pobres y que el aparato político está cada vez más ocupado en darse lujos a costa de nuestros impuestos y en abandonarse a la corrupción, olvidándose del problema de los pobres. Creo que la solución para esta crisis pasa por evitar las polarizaciones en la búsqueda de respuestas a la pobreza, a la corrupción y a la falta de democracia. Luchando por la equidad, por la transparencia y por una democracia participativa nos podemos encontrar".


¿Estamos preparados?

Aunque en Nicaragua el largo plazo no resulta tan largo -dados los rezagos de todo tipo que arrastramos-, y aunque tal vez la sociedad nicaragüense no está aún madura para interiorizar mayoritariamente esta visión, es urgente seguir sembrándola. Con esta visión se pueden seguir construyendo alternativas que vayan acumulando poder. Con ella, tal vez, podamos caminar hacia las elecciones y superar las frustraciones que las van a acompañar, y seguir mucho más allá, transformando poco a poco los dolores del pacto en los dolores de un parto.

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