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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 156 | Enero 1995
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Nicaragua

Derecho ambiental: derecho al futuro de todos

¿Será posible que las fuerzas políticas de Nicaragua logren consenso para defender nuestro medio ambiente con una Ley? El proceso está estancado. Y la sociedad y la Naturaleza están a la expectativa.

Raquel Fernández

Cuando los conquistadores españoles llegaron al territorio que es hoy Nicaragua se admiraron ante la opulencia de tanta vida: árboles gigantescos, pájaros desconocidos y multicolores, grandiosos ríos... De todo ello dejó constancia Gonzalo Fernández de Oviedo, que recorrió estas tierras apenas 50 años después del "descubrimiento".

Aunque con algunos cambios en los que siempre salió perdiendo la Naturaleza, las cosas se mantuvieron razonablemente equilibradas los 40 años. Desde entonces y en poco más de 50 años, el ritmo de depredación de nuestra Naturaleza se multiplicó y hoy, en los casi 130 mil kilómetros cuadrados de Nicaragua apenas quedan 12 mil kilómetros cuadrados de bosque, el 9.23% de la superficie
nacional.

Desaparecen los árboles y las aguas

Según el Ministerio de Recursos Naturales y del Ambiente (MARENA), sólo en Managua se consumen 20 toneladas diarias de leña, la mayoría para cocinar. Teniendo en cuenta que es en Managua donde hay más alternativas energéticas el gas o la electricidad , puede calcularse que el consumo nacional de leña es muy superior a las 80 toneladas diarias. Toda esta leña procede prácticamente de los bosques, pues en Nicaragua no existen plantaciones forestales energéticas. Desde hace dos años hubiera debido empezar a sembrarse un gran bosque energético de eucaliptos en las inmediaciones de Managua para satisfacer la demanda de la capital y sus alrededores, pero los trabajos no han empezado aún. Entretanto, los bosques disminuyen a un ritmo de 120 mil hectáreas cada año. De seguir este ritmo, en un plazo de unos 10 años no quedará en el país ni un metro cuadrado de bosque y Nicaragua se habrá convertido en un desierto.

Durante estos últimos años y mientras hubo bastantes áreas donde talar, nadie denunció la feroz depredación del bosque.
Los árboles se consideraban un obstáculo para el progreso. Hasta el héroe nacional Augusto C. Sandino soñaba ver los bosques de Las Segovias talados y convertidos en tierras cultivables y en potreros, creyendo que éste era el camino al desarrollo de la zona. Fue necesario que los bosques se redujesen al extremo para que también en Nicaragua se empezase a entender que las selvas tienen derecho a existir. Y más: que el derecho a existir de la humanidad depende de la existencia de las selvas. A entender también que la tierra donde estuvieron los bosques no sirve para agricultura ni para ganadería, que es tierra sólo para bosques, que bien aprovechados producen cinco veces más riqueza que esa misma tierra dedicada a la agricultura.


Como consecuencia de la desaparición del manto vegetal al desaparecer el bosque, en los últimos 3 años se han secado 180 cuerpos de agua ríos, arroyos y lagunas dejando sin agua y sin pesca a las comunidades asentadas en sus riberas. Los ríos y lagos que todavía sobreviven reciben volúmenes incalculables de contaminantes de todo origen orgánico e industrial porque los desagües de casas y empresas de las áreas pobladas se derraman en la Naturaleza sin ningún tipo de tratamiento previo. Desechos agrícolas que arrastran elevadas concentraciones de agroquímicos, desechos minerales envenenados especialmente con cianuro, empleado en la obtención del oro , desechos domésticos aguas negras , desechos industriales...

Todos los atentados contra los árboles y las aguas nicaragüenses se realizaron y se realizan sin violar ninguna ley. No existe en el país nada escrito que defienda desde una perspectiva positiva los derechos de la Naturaleza.

La biodiversidad en peligro

La desaparición de los cuerpos de agua y de los bosques implica la destrucción de muchas otras formas de vida cuya utilidad ni siquiera imagina el ser humano. Sólo tres ejemplos: el humilde armadillo nuestro cusuco ha ayudado en el tratamiento de la temible lepra, el mono búho colabora con los humanos en el enfrentamiento de la malaria y el tempate árbol feo que casi se extingue al considerarlo inútil porque no daba ni sombra tiene un tesoro en sus semillas: producen diesel. Tres formas de la vida que "no servían para nada", sin las cuales la humanidad parecía poder seguir viviendo, pero que hoy sabemos tienen respuestas para algunos de nuestros grandes problemas.

La biodiversidad de Nicaragua es impresionante. Sólo en la reserva natural de Río San Juan llamada SI A PAZ viven 40 veces más especies de aves que en toda Europa. Pero el avance de la frontera agrícola presiona los límites de la reserva y, con cada árbol que cae bajo el machete campesino, se va perdiendo el sostén de la vida de pájaros, monos, insectos y de un sinfín de plantas que necesita de los gigantes de los bosques para su propia supervivencia. Con la tala de cada árbol, muchas otras formas de vida mueren y otras muchas tendrán dificultades para encontrar un lugar adecuado para reproducirse en el siguiente ciclo de la vida. Y cuantos menos individuos hay de una determinada especie se agudiza la pobreza genética, con el riesgo de que los descendientes sean cada vez más débiles y menos capacitados para la supervivencia. En Nicaragua, ninguna ley protege las múltiples formas de la vida animal y vegetal.

¿Progreso hacia dónde?

Al inicio de la década de los 80 el Departamento de Carazo estaba cubierto de cafetales muy antiguos que crecían a la sombra de árboles centenarios. Las plantaciones tenían rentabilidad económica y la diversidad y la antigüedad de la vegetación había hecho posible una amplia aunque desconocida rentabilidad genética, por la diversidad de animales y de plantas que vivían en aquel particular ecosistema. Pero el Ministerio de Desarrollo Agropecuario decidió que aquellos viejos cafetos no eran suficientemente rentables y que había que sustituirlos por variedades más modernas. Y sin compasión se arrancaron diez mil hectáreas de cafetales. Fue el llamado proyecto CONARCA, para el progreso de la zona.

La variedad introducida produjo más volumen de café para la exportación, pero lo que se ganaba al exportar café se perdía al importar abono, maquinaria e insumos. Hoy, en el Departamento de Carazo la temperatura promedio ha aumentado 4 grados por la pérdida de tantos árboles. Y en la vecina y ya cálida Managua, un grado y medio. Numerosos cursos de agua se secaron con esta experiencia. El espejismo del "progreso" llega a todos los terrenos. Al de la industrialización a cualquier costo, por ejemplo. En 1993 se instaló en las orillas del gran lago Cocibolca una fábrica procesadora de papel que se comprometió a dar tratamiento a sus vertidos antes de que desembocaran en el lago. Pero no siempre cumple y el Cocibolca tiene en esta nueva empresa una nueva fuente de contaminación. Pero lo que estos empresarios hacen no es delito, porque lo que no está contemplado en las leyes no es ilegal.

Otro "espejismo" de progreso: el gobierno Chamorro ha ido otorgando concesiones de explotación a diferentes compañías mineras internacionales para que exploren nuestro subsuelo. Si algo hallan, lo explotarán y obtendrán grandes beneficios. Pero hay muchos indicios de que esas concesiones permiten a las compañías perforar prácticamente todo el territorio nacional. Sólo la superficie que ya ocupan las ciudades no se ha comprometido con las compañías mineras.

Es evidente que por todos estos caminos se progresa, se avanza. Lo que no está claro es hacia dónde.

176 leyes y ninguna Ley

Con bastante retraso, Nicaragua se plantea hoy la necesidad de legislar para proteger su ya deteriorado medio ambiente.

No ha faltado bastante legislación aunque dispersa y relacionada de alguna manera con este tema. Nada menos que 176 leyes, decretos y reglamentos desde 1905. Además, Nicaragua ha suscrito por lo menos ocho Tratados y Convenciones internacionales relacionados con el medio ambiente y ha participado en diferentes Cumbres ecológicas, hasta la más reciente de octubre/94, que reunió a los Presidentes del istmo centroamericano con el Vicepresidente de Estados Unidos para firmar una solemnísima Alianza para el Desarrollo Sostenible.

Pero no todas las leyes que se relacionan con el medio ambiente se dictan para favorecer el medio ambiente. Muchas de estas 176 leyes nicaragüenses creaban organismos estatales o les daban a los que ya existían algunas atribuciones en relación con la Naturaleza. O eran decretos que establecían Parques Nacionales o Reservas Naturales. O variadas disposiciones sanitarias. Ninguna establecía la protección del medio ambiente como un todo.

Tratándose de una legislación dictada a lo largo de casi 100 años y con criterios parciales, los contenidos de estas leyes son contradictorios y en algunos casos se anulan entre sí. Casi todas resultan anticuadas, porque se redactaron cuando no existían los actuales criterios sobre el medio ambiente, que son hoy patrimonio común. Lo más grave es que la mayoría de esas leyes sólo regulaban ventas: no protegían la Naturaleza sino fijaban áreas y precios de explotación a las empresas mineras, o forestales que destruían la Naturaleza.

Hay que hacer algo

En 1990, se planteó la necesidad de promulgar una ley marco que sirviese como punto de referencia. Algo así como una Constitución Ambiental. Comenzaron entonces los trabajos para la elaboración de la Ley General del Medio Ambiente y los Recursos Naturales.

La Ley del Medio Ambiente es hija de la derrota electoral del FSLN. La realidad es que, salvo algunas manifestaciones a nivel enunciativo, el gobierno sandinista demostró poca sensibilidad ecológica. No por una actitud depredadora, simplemente por ignorancia. La buena voluntad que existía se demostró con la creación del Instituto de Recursos Naturales y del Ambiente (IRENA), que en 1994 se convirtió en Ministerio (MARENA).

Por otra parte, la guerra de los años de revolución tuvo el positivo efecto de defender los bosques. Nadie se arriesgaba a deforestar los peligrosos y extensos escenarios bélicos y los combates frenaron el avance de la frontera agrícola. Fue una defensa muy costosa y la misma guerra creó también enormes "calvas" de terreno arrasadas por los bombardeos, que son hoy suelos calcinados donde tardará mucho que crezca algo.

El acelerado avance de la desertización es una de las tragedias que más conciencia ha creado entre los nicaragüenses. Había que "hacer algo". En el mes de noviembre de 1991, el Movimiento Ambientalista Nicaragüense (MAN) empezó a promover una ley ambiental en la que participara la sociedad civil. El primer paso consistió en recoger y estudiar la legislación existente sobre el tema. Después, y a la vista de textos y experiencias de otros países se redactó un borrador de ley.

Una ley democrática: mucha participación

Con este borrrador en la mano, el MAN convocó a la sociedad civil para que hiciese aportes a través de sus organizaciones. Los sindicatos, centros de educación media y superior, Iglesias, medios de comunicación social y empresarios, fueron convocados. Y la convocatoria halló eco: a las asambleas asistieron amas de casa y técnicos especializados, sindicatos del campo y la ciudad y los empresarios del COSEP, ingenieros forestales y asociaciones de vecinos. En total, más de 50 mil personas participaron e hicieron más de mil aportes verbales. Varios centenares de sugerencias llegaron por escrito a la sede del MAN en Managua.

Cuatro asociaciones de ganaderos manifestaron su temor a que la aplicación de la Ley encareciera sus costos de operación. En cambio, los agricultores tuvieron en general actitudes muy positivas. Entre los aportes del pueblo destaca la propuesta hecha por un ciudadano de que quedara prohibido fumar en lugares públicos porque suscitó la única oposición frontal y pública que ha habido a la Ley, procedente de la Tabacalera Nicaragüense.

El MAN solicitó también sus criterios a varios organismos especializados: al Instituto de Estudios Territoriales para lo relacionado con la atmósfera, al Departamento de Recursos Hídricos de la Universidad Nacional Autónoma para lo referente al agua y a Departamentos del MARENA para el tema de suelos y recursos forestales. Fueron valiosos sus aportes técnicos.

No fue tarea fácil poner en orden todo el caudal de aportes de los diferentes sectores de la sociedad. Después de un intenso trabajo, los 214 artículos de la Ley, distribuidos en 18 títulos, estuvieron redactados y listos para su presentación en la Asamblea Nacional. Para "devolverla" a la sociedad que había participado en su elaboración, se imprimió con un tiraje de 35 mil ejemplares. Y hubo que hacer reimpresiones.

Sembrar diez árboles cada año

La Ley privilegia la participación ciudadana en el cuidado y la responsabilidad del medio ambiente. Esta es su primera y principal característica, la que atraviesa todo el articulado. La filosofía es que todos los nicaragüenses sufrirán las consecuencias del comportamiento ambiental de cada nicaragüense, de todas las personas, naturales o jurídicas. Por lo tanto, todos los ciudadanos tienen el derecho y el deber de entablar acciones contra quien atente contra la Naturaleza.

El primer artículo de la Ley faculta a cualquier ciudadano a demandar ante un juez a quien cometa un delito ambiental. La Ley eleva a la categoría de delito, con penas de cárcel aun de varios años , con multas y con las reparaciones correspondientes, los atentados contra la Naturaleza. Por otro lado, se contemplan beneficios fiscales para quienes la favorezcan y se establecen diferentes disposiciones para involucrar a cada ciudadano en el cuidado del medio ambiente. Todo nicaragüense entre los 6 y los 65 años tendrá el deber de sembrar 10 árboles anualmente, en áreas definidas y preparadas para ese fin por los municipios, que también tendrán la responsabilidad de mantener los viveros que abastecerán la demanda que surgirá como consecuencia de la Ley.

Asimismo, todo joven que desee alcanzar el título de bachiller deberá prestar 100 horas de servicio ambiental como requisito previo. Se promueve la existencia de bosques de empresas, de municipios o de fincas, otorgando ventajas a sus dueños: si un finquero tiene en sus tierras una zona de bosque y la cuida, se le descontarán impuestos. Y si no tiene bosque y reforesta algún sector de su finca, también. Otro importante aspecto que involucra a la sociedad civil: cuando se quiera instalar una empresa cuya actividad pueda tener algún impacto ambiental, se realizará un estudio y las comunidades que pudieran resultar afectadas tendrán derecho a ser oídas y a realizar acciones para evitar daños ecológicos.

Mucho poder a los municipios

Recogiendo la sugerencia de la sabiduría popular "el ojo del amo engorda el caballo" los redactores de la Ley pusieron un fuerte acento en la territorialización: 40 de los 214 artículos de la Ley confieren grandes responsabilidades a los municipios y a sus autoridades, otorgándoles las posibilidades económicas para que puedan enfrentarlas. Cuando la Ley entre en vigor, la mitad de los recursos que se produzcan por la explotación sustentable del medio ambiente tendrá que quedarse en el municipio e invertirse en obras de mejora local. Esta disposición viene a salvar a la mayoría de los ayuntamientos: de los 143 municipios en que está divida políticamente Nicaragua, sólo 4 obtienen dinero suficiente para afrontar su gasto básico: el pago de los salarios mensuales de su personal.

Si la Ley entra en vigor, todos los vecinos estarán interesados en conocer con exactitud qué recursos se están explotando, cómo y a qué precios. Y será difícil hacer juegos de magia con ellos, porque serán muchos y muy próximos los ojos que vigilarán.

En la Ley se prevén plazos y facilidades para que las empresas que desarrollan actividades que atentan contra el medio ambiente vertido de tóxicos en las aguas, contaminación del aire transformen sus sistemas hasta hacerlos inocuos.

Una Contraloría Ambiental

Desde su fundación como IRENA, el actual MARENA ha estado sentado sobre dos sillas y mal sentado, realizando funciones contradictorias. Es la entidad encargada de velar por la protección del medio ambiente y al mismo tiempo, el organismo que concede licencias para la explotación de los recursos naturales.

En la Ley, el MARENA quedará definido como una institución de tutela, vigilancia y salvaguarda del medio ambiente. Otorgar las licencias corresponderá a los Municipios, al Ministerio de Economía y Desarrollo o a la entidad respectiva, dependiendo de los casos.

La Ley establece que con la participación de instancias y organizaciones de la sociedad civil universidades, alcaldías y otras se cree un organismo que actuará como una especie de Contralor Supremo en materia ambiental, con potestad sobre el MARENA y sobre el Ejecutivo. Por su carácter de ley marco, la Ley Ambiental necesitará de un posterior desarrollo mediante diferentes leyes: de bosques, de minas, de pesca, entre otras. De hecho, la Ley de Pesca ya existe como proyecto hoy engavetado en la Asamblea Nacional y pretende regular uno de los recursos naturales más valiosos del país, muy expuesto a codicias nacionales e internacionales, por lo que se responsabilizará al Ejército de su custodia. También en otras leyes que desarrollarán la Ley ambiental se prevé dar a las Fuerzas Armadas una responsabilidad beligerante en la defensa de los recursos naturales.

Los cinco "peligros" de la Ley

Después de dos años de trabajo, la Ley estuvo lista para su discusión y aprobación en la Asamblea Nacional. En Nicaragua sólo el Ejecutivo y el Legislativo están facultados para promover una iniciativa de ley. La Ley Ambiental por ser iniciativa de una organización de la sociedad civil hubiera podido permanecer engavetada para siempre como un hermoso intento. Pero el MAN recurrió a la misma sociedad que de un modo u otro había participado en su elaboración y en un tiempo récord, 97 mil firmas acuerparon el proyecto. La Comisión del Medio Ambiente y Recursos Naturales del Parlamento que preside el diputado sandinista José León Talavera lo acogió con gran interés.

Fue entonces que empezaron los problemas. Y serios. El Ejecutivo vio con preocupación el espíritu democrático de la Ley y encargó a toda prisa a unos especialistas que redactasen una propuesta alternativa que no tuviera ninguna de las cinco características "peligrosas" que apreciaba en la Ley: la participación popular en su implementación, la territorialidad, la separación de funciones del MARENA, la creación de una Contraloría Suprema y la tendencia a desarrollarse en sucesivas leyes que irán perfeccionando y adecuando más y más la Ley a la realidad cambiante.

El gobierno Chamorro que siempre alega su escasez de fondos encontró en algún lugar 20 mil dólares para financiar la redacción de esta "otra" ley ambiental. Pero no tuvo suficiente eco y la Ley que trabajó la sociedad civil fue introducida como anteproyecto en la Asamblea Nacional en noviembre/93.

Una Ley que no arranca

A pesar de la angustiosa situación del medio ambiente, la Comisión del Medio Ambiente del Legislativo sólo ha logrado aprobar, también en noviembre/93, una ley que prohibe el tráfico de desechos tóxicos por el territorio nacional.

Desde entonces, ha acogido dos nuevos proyectos de Ley: la Ley General de Pesca y esta Ley General del Medio Ambiente y los Recursos Naturales, que después de ser aprobada en lo general y en lo particular en sus primeros cinco artículos en junio/94, quedó estancada. ¿Por qué el estancamiento? ¿Presiones del Ejecutivo? ¿La excesiva politización y polarización de la Asamblea en torno al tema de las reformas constitucionales, que absorbe todas las energías? ¿El cortoplacismo político obviando un tema que requiere visiones más amplias, más estratégicas, más de largo plazo?

Aunque todas estas razones tienen su parte de razón, parece que la verdadera verdad del atraso en la discusión y aprobación de la Ley está en el ámbito que afecta. Porque se trata de una Ley que atraviesa toda la realidad nacional: la sociedad, la economía, la cultura en su sentido más amplio, las costumbres, la forma de vivir y hasta de morir.

La Comisión parlamentaria ha tenido otras iniciativas que reflejan su buena voluntad. Entre ellas, regular la protección de las dos playas donde desovan masivamente las tortugas y establecer anualmente unas Ferias Nacionales del Agua para llamar la atención sobre los recursos hídricos en general y sobre un cuerpo de agua en particular. Hasta ahora se han celebrado dos ferias monográficas sobre los dos grandes lagos del país, el Xolotlán y el Cocibolca. Pero es tan grande y tan grave el problema ambiental que los mayores esfuerzos parecen pequeños.

Si la defendemos, ella nos defenderá

A pesar de los obstáculos oscuros pero reales y constantes con que tropiezas la Ley ambiental, parece haber un consenso unánime en apoyarla. Al menos a la hora de las declaraciones, en las que todo el mundo se proclama "verde".

Ante este consenso, los miembros de la Comisión parlamentaria consideran que el medio ambiente podría ser un terreno clave en el que lograr una armonía y entendimiento entre las fuerzas políticas, que se reflejaran después en otros ámbitos más polarizados de la realidad nacional, donde parece imposible cualquier acuerdo. Debatiendo sobre el medio ambiente y su defensa, todos podemos concordar y ganar experiencia de tolerancia, negociación y diálogo.

¿Será posible? Lo que está absolutamente claro es que si protegemos a la Naturaleza, la Naturaleza nos protegerá a nosotros. Y si no lo hacemos, la Naturaleza se volverá contra nosotros. Y ella es más fuerte y poderosa que todos los seres humanos juntos y desunidos.

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