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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 218 | Mayo 2000
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Nicaragua

Destino: Washington, con exceso de equipaje

La crisis es generalizada y en muchos frentes. Y aunque representa un pesado lastre, las elecciones municipales van. Pero van sobre terrenos movedizos.

Equipo Nitlápan-Envío

El gobierno de Arnoldo Alemán quiso "ganar tiempo político" y "comprar tiempo económico" cuando decidió retrasar y desplazar de lugar la reunión del gobierno de Nicaragua con la comunidad internacional, que debió celebrarse en febrero y en Managua. Fue un mal cálculo, propio del cortoplacismo, hecho hábito de gobierno. A la reunión, impostergable, el 23 y 24 de mayo en Washington, el gobierno llega en peor situación de la que tenía en febrero. El tiempo comprado no le ha reportado ninguna ganancia.

El gobierno viaja a presentar un nuevo documento. El que alistó para febrero se llamaba El desarrollo del diálogo y el diálogo del desarrollo. El de ahora se titula: Una Nación, muchas voces: sociedad, gobierno y economía en el nuevo milenio. Voluminosos ambos, llenos de promesas y proyectos. Pero pesan poco. Para el destino de Nicaragua, lo que cuenta son los problemas irresueltos y los nuevos "clavos" con los que aterriza en Washington el gobierno. Es notorio el exceso de equipaje.

"Huele" a ingobernabilidad

Desde mediados de 1999 se explicitaron nuevos condicionamientos de la comunidad internacional para respaldar el ajuste estructural en Nicaragua y seguir dando apoyo financiero a un país casi totalmente dependiente de ese apoyo. Ya no bastan las condiciones macroeconómicas. También hay condiciones sociopolíticas. A Nicaragua se le pide gobernabilidad, una palabra cuasi mágica en el argot político actual, con múltiples interpretaciones y significados. Significa instituciones sólidas, eficientes y democráticas. Significa participación de la sociedad civil en las decisiones del gobierno. Significa leyes que aseguren la democracia y la participación. Significa respeto a los derechos humanos. Significa acuerdos que garanticen estabilidad al país.

El FSLN y el gobierno pactaron en nombre de la gobernabilidad. Cuando lo hicieron, existía ya un cierto consenso nacional sobre la necesidad de un nuevo pacto social en Nicaragua. Pero el pacto entre Ortega y Alemán no fue un pacto social. Fue un pacto político orientado fundamentalmente a intereses electorales y partidistas, no nacionales, y concretado en reformas que aseguran el control bipartidista de las instituciones del Estado que -con límites y desde hace muy poco tiempo-, empezaban a ejercer algún control sobre el poder.

El pacto se hizo desde la legalidad vigente. Pero lo legal no es equivalente a lo legítimo. Y la gobernabilidad tiene también como base la legitimidad. Ya consumado, el pacto sólo ha aumentado el descrédito de las instituciones y de los políticos pactistas, produciendo más dispersión y sentimientos más agudos de impotencia en la sociedad. Producto del pacto ha sido también la aprobación de leyes "modernizadoras" -impuestas por el ajuste estructural-, algunas tan polémicas y antipopulares como la privatización de la seguridad social, y otras tan poco contrastadas con la real cultura política del país como la Ley de Contrataciones.

Fue exactamente después de concluido el pacto Alemán-Ortega que debió celebrarse la reunión de Nicaragua con el Grupo Consultivo, conformado por los países más poderosos de la comunidad internacional tras la tragedia del huracán Mitch. Como el país "olía" a confrontación por todas las esquinas, a causa de los debates que las reformas constitucionales producto del pacto provocaron en la opinión pública más y mejor informada-especialmente la de Managua-, Alemán decidió retrasar la reunión, a pesar del disgusto que esto iba a provocar -como así sucedió- a la comunidad internacional.

¿Para qué ganar tiempo, para hacer qué? Esta pregunta no tiene una sola respuesta clara. Esta pregunta nunca tiene respuesta clara para un gobierno sin visión nacional y para un gobernante embriagado de poder. Tres meses después del retraso, el país sigue "oliendo" a confrontación e ingobernabilidad.


Ambiguo Diálogo Nacional

Tanto es el olor de ingobernabilidad que Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, los propios artífices del pacto, propusieron en abril un "diálogo nacional" para hacerlo más gobernable.

La idea inicial no fue de ellos. La idea de un diálogo nacional para enfrentar la crisis económica, social y política -algo parecido a la búsqueda de ese nuevo pacto social que tantos demandan- surgió el 12 de abril en la Asamblea del INDE (Instituto Nicaragüense de Desarrollo Empresarial), organización gremial opuesta abiertamente a la política económica del gobierno y al pacto político. La propuesta la presentó el Presidente del INDE, William Báez, con una agenda muy concreta como punto de partida: creación de un banco de fomento privado, apoyo a los pequeños productores, freno al incremento de los impuestos, programa energético... En cada uno de estos acápites, el INDE presentaba cifras y planteamientos específicos.

De inmediato, Daniel Ortega se montó en la propuesta, pero dándole un marco político y confrontativo. Según Ortega, el país estaba al borde de un abismo y ante un dilema: o se hacía caer al gobierno, se le derrocaba como en Ecuador con luchas callejeras (¿quiénes serían los luchadores?) o todos los sectores se ponían de acuerdo (¿en qué, en el pacto?). Si no había diálogo, dijo, sólo cabría ya esperar la vuelta al poder del FSLN para solucionar los problemas.

Un día después, el Presidente Alemán se montó el siguiente en la propuesta del diálogo nacional, pero dándole un marco formal. Habló de convocar a un concordato y de llamar a todas las fuerzas vivas del país a hablar como nicaragüenses, y sin ninguna condición, por el bien de Nicaragua.


Reacciones ante una paradoja

Pocas reacciones hubo ante la iniciativa de Ortega y de Alemán. Chocaba bastante la paradoja: después de un pacto excluyente, sus protagonistas convocaban a un diálogo incluyente. La sucesión de las tres propuestas aparecía, en sí misma, como un índice más de la ingobernabilidad del país. Surgieron también estas propuestas en vísperas de la semana santa, días de sopor y playa en que hay permiso para olvidarlo todo o casi todo.

Entre las escasas reacciones ante la intempestiva y ambigua iniciativa oficial, la más destacable fue la del Movimiento Democrático y el Partido Conservador, que se unieron para plantear una sola posición -de "tercera vía"-, estableciendo tres condiciones políticas previas a cualquier participación en cualquier clase de diálogo: 1. Compromiso ante la nación de respetar el orden constitucional para la realización de las elecciones municipales del 2000 y las nacionales del 2001, y con ello garantizar que no habrá Constituyente. 2. Garantía de la igualdad de oportunidad y del derecho de participación ciudadana en los procesos electorales del 2000 y del 2001, lo que necesariamente incluye la revisión de la actual Ley Electoral. 3. Aclaración y castigo inmediato de los casos de corrupción de altos funcionarios de la administración pública.


En el Reino de lo Efímero

Las tres condiciones apuntaban directo al corazón del pacto. Y todo apuntaba a que el diálogo propuesto por Ortega y por Alemán -que desdibujaba la iniciativa del INDE- pretendía ser empacado, como un artilugio de gobernabilidad, en el equipaje oficial a Washington. Pero ni siquiera ese propósito era consistente. Esta inconsistencia en propuestas que van y vienen es un reiterado índice de la ingobernabilidad reinante. De lo efímero que resulta todo en la política nacional.

En Nicaragua hay que hacer un esfuerzo de memoria para recordar lo que sucedió apenas el mes anterior. Porque suceden muchas cosas, bastantes de ellas abonan la confusión, y duelen casi todas. Fue fácil, sin embargo, recordar el Diálogo Nacional convocado por Alemán en su primer año de gobierno, y celebrado con pompa y circunstancia, en junio de 1997. El FSLN fue la única fuerza política que no acudió. En aquellas reuniones, los dialogantes llegaron con el gobierno a 112 acuerdos. Ninguno se cumplió. Sin embargo, mientras la magna reunión avanzaba, el FSLN dialogaba bilateral y discretamente con el gobierno. De aquel diálogo surgió una nueva Ley de la Propiedad, que sí se ha cumplido en algunos de sus aspectos centrales y que dio inicio al pacto del 2000.

Bastaron diez días para que el pretendido artilugio de gobernabilidad se desinflara, sólo aire tenía. Daniel Ortega declaró que el FSLN no iría al diálogo antes de la reunión de Washington, para no lavarle la cara al gobierno. Y el Presidente Alemán -no privándose de insultar a quienes pusieron condiciones para el diálogo- repitió lo mismo: no quería que nadie pensara que él buscaba lavarse la cara...

Lo que se montó sin seriedad se desmontó sin seriedad. ¿Se volverá a armar algún diálogo nacional después de la reunión de Washington? Sería lamentable que ésta fuera una de las "recomendaciones" de la comunidad internacional para aligerar el cargado equipaje de ingobernabilidad que arrastra el gobierno.


"Huele" a podrido

La comunidad internacional condicionó el apoyo al gobierno de Nicaragua a la garantía de una gestión transparente. La lucha contra la corrupción fue un compromiso asumido por el gobierno de Nicaragua en Estocolmo, en mayo de 1999, cuando el Mitch le abrió nuevas oportunidades a Nicaragua y a Centroamérica.

El gobierno decidió retrasar, de febrero a mayo del 2000, la reunión con la comunidad internacional porque algo "olía a podrido" en el país. Estaba aún fresco el escándalo causado por el injusto encarcelamiento, por decisión presidencial, del Contralor Agustín Jarquín. Estaban pendientes de mínima aclaración varios de los casos que el Contralor había colocado sobre el tapete, y el propio Presidente de la República estaba siendo investigado por su ostentoso incremento patrimonial.

En ocasión de decidir el retraso de la reunión, el Presidente del Banco Central, Noel Ramírez declaró que la postergación se explicaba porque el gobierno quería aclarar algunas denuncias de corrupción que habían hecho mucho ruido. Afirmó, por ejemplo, que el gobierno quería tener listos para la reunión los resultados de la auditoría a la privatización del BANIC, señalada por la Contraloría que presidió Jarquín como una operación con anomalías y visos de corrupción. El retraso permitiría al gobierno presentar un mejor expediente en el tema de la transparencia y demostrar que no existían pruebas en otros casos aireados por los medios. ¿Ingenuidad de Ramírez o esa ceguera propia de la embriaguez del poder?

"Checazos" que son un test

En marzo estalló el caso del "checazo", con tantas pruebas, tantos datos, tanta información precisa, que abruma. Ningún caso previo ha tenido tal volumen de sustento en los medios de comunicación. El diario La Prensa ha demostrado, en este caso, no sólo coraje, sino una profesionalidad y una consistencia ejemplares. Como si estuviéramos en un país del Primer Mundo, opina un periodista.

No es un caso cualquiera el que estalló. Involucra a un personaje muy especial, nada menos que a Byron Jerez, el clon del Presidente Alemán desde los años en que Arnoldo era Alcalde de Managua. Y como a Jerez lo había ya comenzado a investigar la Contraloría que presidió Jarquín -a la que se le pusieron todos los obstáculos posibles para que no llegara a ninguna parte-, el caso también es especial: sirve para identificar mejor la esencia del conflicto del Presidente con aquella Contraloría y, por eso mismo, se convierte en un test para medir a la nueva Contraloría surgida del pacto.


Byron Jerez sigue ahí

Después de más de dos meses de pruebas -que hablan a gritos y a las que sólo les falta pasar por un juzgado donde se sancione a Jerez-, Byron Jerez sigue sin convencer y sin aclarar. Pero sigue en su cargo y ostenta inocencia. En cualquier país del mundo, Jerez hubiera renunciado por su propia voluntad, urgido por un impulso de mínima dignidad. Faltándole ese impulso, en cualquier país del mundo, el Presidente lo hubiera apartado de su cargo, por un mínimo cálculo político. Pero, en este país que es hoy Nicaragua, la embriaguez del poder es tal que se embotan los mínimos impulsos básicos.

A lo más que se va a llegar es a una multa por un error administrativo (Sólo Dios no comete errores, dice Jerez, orondo, nunca arrepentido del error que cometió). Y a lo más que se puede aspirar es a que, en junio, cuando el Presidente Alemán, el clon de Jerez, haga cambios en su gabinete por razones electorales, Jerez deje el cargo público para lanzarse como candidato a diputado -cargo que le garantiza inmunidad-, mientras continuará siendo Tesorero del PLC, posición que resulta clave en la reedición del modelo Partido-Estado y en la continuación del modelo Estado-botín que padece Nicaragua.


La complicidad del FSLN

Frente a hechos tan escandalosos, las reacciones en el FSLN han sido ambiguas. Y reflejan la dispersión de esfuerzos de quienes siguen en ese partido. Algunos diputados del FSLN participan en las investigaciones sobre el caso Jerez y han pedido consistentemente que se le aparte de su alto cargo en el gobierno. Un buen grupo de diputados ha guardado silencio. Muchos dirigentes intermedios insisten en afirmar que sólo "es un caso más" y que "aquí todo el mundo tiene cola".

En el caso de Daniel Ortega, el discurso es más elaborado: no habla concretamente del caso, critica los señalamientos sobre la corrupción gubernamental que hace la comunidad internacional por ser "políticas injerencistas" e ideologiza el tema de la corrupción: la corrupción no se resuelve cambiando funcionarios, sino cambiando el sistema que genera corrupción, y ése no es otro que el sistema neoliberal que Nicaragua padece desde 1990, pero ese sistema será cambiado con la victoria del FSLN en las próximas elecciones. Con este simplista discurso -con el que tanta gente humilde comulga-, la corrupción de Jerez queda dispensada y la corrupción de la cúpula del FSLN también. Ningún sostén más firme tiene hoy la corrupción gubernamental que la complicidad de la dirigencia pactista del FSLN.


Todo "huele" a crisis

Si para la postergada reunión de febrero, el gobierno de Nicaragua ya tenía sobrepeso en materia de corrupción, ¿cuántas libras añade ahora el caso Jerez? Pero, ni la obvia ingobernabilidad, ni éste ni otros irresueltos casos de corrupción, son lo más grave. Hay peores plomos en el equipaje oficial. En la situación macroeconómica se han empezado a encender luces de alarma. Las causa la misma insostenibilidad de nuestra economía. Y también las causa el pacto -que no garantiza gobernabilidad y promueve corrupción-, y que ya ha tenido también costos en el terreno económico. En el primer trimestre del año 2000 llegaron al país menos de 10 millones de dólares en ayuda externa líquida para sostener la balanza de pagos. En el primer trimestre de 1999 Nicaragua recibió una cantidad tres veces superior. Además, el país sigue pagando altos intereses por su deuda externa.

Reducidas a niveles récord las reservas internacionales, el Banco Central de Nicaragua (BCN) ha tenido que presionar a los bancos privados para que compren bonos CENIs. Con esta medida, ha captado millones de dólares para incrementar el nivel de reservas. Como consecuencia, los bancos tienen ahora menos disponibilidad de préstamos, especialmente los que tienen como clientes a comerciantes y consumidores urbanos.

El sector privado habla abiertamente de "recesión". Los niveles de inflación, según los datos oficiales, rebasan las previsiones. Hay iliquidez, falta el circulante. Las microfinancieras que prestan a la pequeña industria y comercio urbanos reportan moras. No hay movimiento suficiente en una economía de por sí muy frágil.


Un castigo político

El origen de la crisis en las reservas es político. Y el gobierno tiene toda la responsabilidad. Según lo programado en la iniciativa HIPC, Nicaragua tendría ahora más reservas y pagaría menos intereses de su deuda externa. ¿Qué es lo que ha pasado? La comunidad internacional venía advirtiendo sobre los incumplimientos, reiterados y hasta ostentosos, del gobierno de Nicaragua en los temas de gobernabilidad y transparencia acordados en Estocolmo.

Las advertencias no se quedaron ahí. Ya hay castigos. El ingreso a la iniciativa HIPC ha sido retrasado. Y han empezado a llegar otras señales. Sólo en el caso de la ayuda a la nueva Contraloría, los países nórdicos hicieron público que la suspendían. En otros casos, aunque sin anunciar ninguna suspensión, diferentes países lo que han hecho es, simplemente, no desembolsar los fondos. Para justificar la falta de desembolsos siempre existe algún tecnicismo del que valerse. Todo resulta así más discreto, más diplomático. Y además, se evita la alharaca que pueden hacer los medios de comunicación que, queriéndolo o no, vienen tratando de inducir en la opinión pública la falsa idea de que las presiones de la comunidad internacional sobre el gobierno pueden sustituir la organización y la oposición internas, tan debilitadas por años de confusión y aún tan débiles, a pesar del repunte opositor provocado por el pacto.

Con el expediente macroeconómico inestabilizado, el gobierno llega a Washington a presentarse a una segunda convocatoria ante quienes ya le dieron, no sólo señales de aviso, sino bajas calificaciones.


Seria crisis en la Nicaragua rural

El gobierno llega a Washington cargando también otros problemas económicos, que complican la situación y profundizan la pobreza, siendo así que un plan para combatirla eficazmente es otro de los compromisos centrales asumidos por el gobierno de Nicaragua en Estocolmo.

La crisis en el olvidado país rural es muy seria, y la emigración a Costa Rica es masiva en muchos municipios, aún los más alejados del vecino del sur. Los precios de todos los productos agrícolas, tanto los de exportación como los de consumo interno, han caído. Por segundo año consecutivo, 1999 cerró con un descenso en todas las exportaciones de Nicaragua, las tradicionales y las no tradicionales. La baja en el precio del café ha afectado gravemente la extendida caficultura de montaña, básica para estabilizar la economía campesina, y que ya venía dando muestras de una recuperación muy lenta. Las redes de acopiadores del café de los pequeños y medianos productores -que contribuyen a sostener tantas economías locales- atraviesan por problemas que están desembocando en embargos de instalaciones ante la imposibilidad de cancelar deudas.

La caída del precio de la carne -baja histórica- ha golpeado seriamente a la pequeña y mediana ganadería. Por si fuera poco, el conflicto con Honduras ha afectado la producción quesera de montaña, que había encontrado un mercado seguro y cercano en El Salvador. Los salvadoreños han bajado el precio que pagan a los nicas por el queso, no sólo por razones de higiene, sino también porque tienen que destinar extras a las "mordidas" que les cobran los hondureños para burlar los nuevos impuestos fronterizos establecidos por el gobierno de Nicaragua como respuesta al conflicto.


oz de alerta: UNAG y UPANIC unidas

Todos estos problemas de los últimos meses puntean sobre un paisaje coyuntural donde la reconstrucción post-Mitch no es visible en varias zonas de desastre, y sobre un escenario estructural donde la economía campesina carece mayoritariamente, y desde hace muchos años, de atención, de créditos, de apoyo técnico.

Pero no son sólo los pequeños y medianos productores rurales los que sienten el ácido de la crisis. También los grandes. Los productores tabacaleros de Estelí y del Norte tienen embodegados sus excedentes y han cerrado temporalmente fábricas, generando desempleo y frustración en una zona donde desde hace unos años el tabaco había empezado a hacer sentir algunas mejoras. Bajó el precio internacional del tabaco. También los sorgueros tienen excedentes embodegados. En este caso, el maíz amarillo que producen, con excedentes, los agricultores estadounidenses y que llega al país a precios bajísimos para surtir a las avícolas nacionales, quiebra a los sorgueros. También hay problemas en las aceiteras y en la producción de soya.

La situación en el campo tiene un horizonte tan cerrado que el Presidente de la UNAG y el de la UPANIC, las dos principales organizaciones de productores rurales del país, medianos, pequeños y grandes, se presentaron unidos -nada habitual- en una conferencia de prensa para alertar sobre el desastre que prevén en el próximo ciclo agrícola. Hablaron de reducción de áreas de siembra y de deudas. También, de corrupción y desidia en el Ministerio Agropecuario y Forestal.


"Huele" a más desempleo

En un contexto económico tan frágil y en un contexto político con tan baja credibilidad en las instituciones, en los funcionarios y en el futuro, se produjo la reforma al sistema de pensiones de la seguridad social, tema del que hablamos más ampliamente en este mismo número de envío.

El aumento establecido en las cotizaciones de los empleadores al nuevo modelo de seguro social generó desde el primer día de su aplicación, no sólo recursos de amparo y protestas -por ser inconstitucional el método y el calendario para iniciar el nuevo sistema-, sino lo que es más grave: desempleo.

El sistema de seguridad social, que apenas cubre al 15% de la población económicamente activa, dejando fuera a la gran masa de desempleados, va a traer más desempleo. El sector privado aduce que, para enfrentar el alza abrupta de sus aportes al seguro, tendrá necesariamente que recortar personal. Igual cosa afirman las directivas de las ONGs.

El sector privado presenta cifras preocupantes: en un año, el sector industrial ha tenido un crecimiento del 0%, los costos de producción se han incrementado para todos los sectores en un 55%, durante el gobierno liberal el precio del agua se incrementó en 121%, el precio promedio de la energía eléctrica en 52% y las llamadas telefónicas locales en 173%.

A pesar de este panorama, que convoca a un verdadero pacto social, en el gobierno persiste la embriaguez. En el terreno económico, el Presidente del Banco Central, Noel Ramírez, persiste en el triunfalismo: no sólo sigue afirmando, como todo buen dogmático del neoliberalismo, que vamos bien, sino que estamos bien.

William Báez ha criticado a Ramírez por las cifras de computadora con las que trata de disimular la realidad. Le critica, sobre todo, su monopolio de cifras y su compromiso partidista con el PLC. Báez señala que Ramírez ha desmantelado completamente todas las unidades de análisis y estadísticas de los ministerios para concentrarlas en el Banco Central, monopolizando así la información estadística del país, y resguardándola como un sigilo bancario. Y lamenta que Ramírez sea miembro de la Directiva del partido en el poder. Es inconcebible, inédito y extremadamente inusual en cualquier país, es el único caso en todo el continente, comenta acertadamente.


Contra dos caudillos

El modelo de Partido-Estado que se encarna, como en muchos otros altos funcionarios, en Noel Ramírez, ha empezado a ser cuestionado desde dentro de las filas del PLC, nada menos que por uno de los fundadores del partido, el actual Ministro de Defensa, José Antonio Alvarado, perfilado como presidenciable en las filas liberales desde hace mucho tiempo.

Tras la polémica Convención del PLC el 30 de abril, donde se impusieron los "dedazos" de Alemán en la selección de candidatos y se evitó a toda costa el debate y el que se adoptara el voto secreto, Alvarado sorprendió al anunciar que renunciará a su cargo de Ministro para encabezar un proceso de "re-examen" del PLC, que adecúe sus obsoletas formas de hacer política a la nueva realidad del mundo y a la compleja realidad de Nicaragua. Alvarado está siendo presionado por el círculo que rodea al Presidente Alemán, y por el propio Presidente. Su "disidencia" es una novedad política de importancia.

En un contexto en que el pacto trata, por todos los medios, de forzar el bipartidismo, dar seguimiento a las "corrientes" que dentro de los dos partidos que pactaron, PLC y FSLN, se oponen a los dos caudillos pactistas, es una tarea necesaria para prever, o al menos imaginar, escenarios de salida a la crisis.

En el lado del PLC, la corriente que encabeza Alvarado desafía el caudillismo expresando públicamente su rechazo a que las elecciones para una Constituyente sustituyan las elecciones presidenciales del 2001, ya que por esta vía Arnoldo Alemán se perpetuaría en el poder. En el lado del FSLN, la corriente que encabezan los de la Izquierda del FSLN y Víctor Hugo Tinoco desafían el caudillismo expresando públicamente su rechazo a la candidatura presidencial de Daniel Ortega.


Sandianismo: ¿el partido o la nación?

Otras corrientes del sandinismo y algunos ex-dirigentes del FSLN van más allá y empiezan a convocar a los sandinistas a apoyar los esfuerzos de la "tercera vía". Es el caso del Comandante Modesto, Henry Ruiz, que expresa sus posiciones en este mismo número de envío.

Empieza a surgir dentro del sandinismo la conciencia de que la nación debe estar primero que el partido: No debemos continuar atrapados en una desgastante dinámica de recomponer al actual FSLN mientras nos quedamos sin país. Estamos obligados a desarrollar formas transitorias de inserción, que por una parte nos permitan aportar de manera decidida a la solución de los graves problemas de Nicaragua, y por otra nos den el espacio y el tiempo necesarios para reorganizarnos en un amplio movimiento político, capaz de heredar los mejores valores y tradiciones del sandinismo, que debe presentar al país un Proyecto de Nación, afirman en un lúcido escrito los sandinistas agrupados en el aún frágil Movimiento de Unidad Sandinista Carlos Fonseca Amador.


Las elecciones van: el cuadro no está rayado

A pesar de las turbulentas aguas del mar nacional -también crecientemente turbulentas al interior de los dos partidos que pretenden controlar el barco- se hizo ya evidente que las elecciones municipales se celebrarán en la fecha establecida, noviembre del año 2000.

Las elecciones van, pero el cuadro no está rayado. Y no se trata sólo de candidatos aún no definidos, sino de las estrategias de los pactistas. Empieza a ser evidente que, tanto del resultado real de esas elecciones como de los efectos de imagen que en ellas se logren (quién gana Managua, cuántas alcaldías gana la "tercera vía", cuánta abstención hay) dependerá la realización de las elecciones presidenciales del año 2001. Mariano Fiallos, sandinista en el Movimiento Democrático opina: El pacto busca un golpe de efecto en las elecciones municipales, y si consigue ese resultado, el paso siguiente que darán será la Constituyente. Lo grave es que sabemos dónde empieza una Constituyente, pero no dónde termina.

Han sido éstas semanas de luchas feroces por las candidaturas en el FSLN, en el PLC y en el resto de partidos. No han concluido. Ni el PLC ni el FSLN, a pesar de los votos cautivos que tienen asegurados, están fuertes. Lo saben. Tampoco está fuerte la "tercera vía". Y también lo saben. El ambiente de descomposición, unido al ambiente electorero, puede mover cualquier ficha, hacia cualquier lugar, en cualquier momento, y de forma repentina. Candidatos de la "tercera vía" o de otros partidos pueden terminar siendo candidatos del PLC o del FSLN, y viceversa. Vale todo, o casi todo. Las elecciones van, pero sobre un terreno muy inconsistente. En esta inconsistencia se expresa también la ingobernabilidad y la corrupción que tienen enferma a Nicaragua. Y sin embargo, habrá que apostar, y apostar con fuerza y con riesgo, para empezar a sanar.

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